En artículos anteriores estuvimos divagando sobre la motivación, sus distintos tipos y su implicación en el entorno deportivo. En el presente artículo, nuestra intención es profundizar en el conocimiento de las orientaciones motivacionales de los deportistas, tratando de dilucidar las diferencias existentes entre el deporte como juego y el deporte como competición

El adiestramiento motivacional dentro del entorno deportivo

La importancia del entrenamiento motivacional dentro del ámbito del deporte es crucial, desde la más tierna infancia, a través de las escuelas deportivas, hasta los contextos de competición, en la práctica amateur o profesional. De igual manera como educadores y profesorado ejercen una fuerte influencia en nuestro desarrollo, los entrenadores deportivos tienen un gran protagonismo en los procesos que ilustran los motivos dominantes en los jugadores.

El deporte supone, para muchos, una fuerte inagotable de satisfacción y disfrute, un reto que pone a prueba nuestra capacidad y competencia y un divertimento que gratifica a quien lo practica. Esto es sabido por muchos entrenadores que vuelcan sus esfuerzos en explotar el valor intrínseco del mismo como vehículo de mejora. Especial relevancia tiene en las escuelas deportivas de base, donde se debe inculcar y reforzar el amor por el deporte y por los valores a él vinculados. En cualquier caso, las cosas no siempre son como a priori se piensa. Cuando un entrenador trata de motivar a un niño dándole un premio al mejor jugador, al que más ha progresado, lejos de incrementar la motivación del niño, lo que sucederá es que ésta se transforme, pasando de ser una motivación intrínseca a una motivación más condicionada a la obtención o no de una recompensa.