Competición

Son muchos los estudios que han tratado de establecer principios prácticos sobre el uso de la motivación como herramienta para la mejora del rendimiento de los deportistas de élite. Gracias a estudios de este tipo hoy día podemos concluir como, en comparación con los contextos no competitivos, la competición generalmente aumenta la motivación intrínseca (Weinberg y Ragan, 1979). Esto es debido, principalmente, a que los contextos competitivos encierran un componente de desafío en el que los deportistas tienen la posibilidad de comparar sus habilidades con la de otros competidores y evaluar su logro personal. Lógicamente, como cabía esperar, ganar aumenta la motivación con respecto a perder. No obstante, no es tan importante el hecho objetivo de ganar como la satisfacción por haber realizado una actuación exitosa lo que aumenta la motivación del deportista (McAuley y Tamen, 1989). Así pues, pese a que un deportista haya perdido en una competición, si percibe que su participación ha sido un éxito (puede haber realizado un gran trabajo individual o haber superado alguna marca personal), entonces su motivación intrínseca será igualmente alta.

Por otro lado, si comparamos contextos competitivos con contextos orientados hacia el dominio, podemos ver como la competición no es tan motivadora como el proceso de aprendizaje en relación a la habilidades requeridas por un determinado deporte. La persona que trata de mejorar sus competencias y dominio no está sujeta al ambiente aversivo de tensión y presión al que se someten los deportistas que compiten, factor éste que salvaguarda su motivación intrínseca.