Una pequeña siesta activa las emociones positivas

A medida que va pasando el día (sobre todo si estamos trabajando) se va minando nuestra paciencia, nos vamos haciendo más irritables, y más proclives a tener pensamientos negativos. Sin embargo, aquellos que se toman una siesta después de comer, no experimentan ese surgir de emociones negativas, y además tienen más tendencia a tener pensamientos positivos. Esto es lo que defiende un nuevo estudio realizado por un grupo de investigación de la Universidad de Calilfornia (EEUU): no sólo es que la falta de sueño puede traer como consecuencia desórdenes emocionales, es que además, una mejora de la calidad de este provoca emociones positivas.

Ninad Gujar y sus colaboradores sometieron a un test de procesamiento de caras a 36 voluntarios, mitad hombres, mitad mujeres, con una media de edad de 21 años. El test fue realizado a las 12 horas y repetido posteriormente a las 17. La mitad de los participantes muestreados al azar disfrutaron de 90 minutos para tomarse una siesta después del primer test, mientras que la otra mitad realizaron vida normal.

La prueba a la que fueron sometidos consistía en observar diferentes rostros de hombres y mujeres en una pantalla de ordenador. Los rostros expresaban diferentes emociones, como tristeza, temor, enfado o alegría, con diferentes intensidades. Los participantes simplemente tenían que identificar la emoción y evaluar su intensidad en una escala de 1 a 4. A su vez también tenían que reportar su propio estado de humor.

Los resultados mostraron que los participantes que permanecieron despiertos después del mediodía puntuaban los rostros de temor y enfado como más intensos a las 17 horas que a las 12. Sin embargo, los participantes que se habían tomado una siesta puntuaban más bajo las expresiones de enfado y temor, y más alto las de felicidad en el test realizado a las 17 horas. Ese cambio en la percepción del estado emocional del otro también se correspondía con un cambio en el propio humor: el grupo "no-siesta" reportó que estaba de peor humor a las 17 horas que a las 12, mientras que el grupo "siesta" indicó que estaba de mejor humor.

Según los investigadores que realizaron el estudio, los cambios emocionales observados en el grupo "siesta" son debidos a que estos experimentaron una fase de sueño REM (movimiento de ojos rápido). Para concluir esto, se basaron en que los estudios hechos durante la siesta de los participantes mostraron que aquellos que habían alcanzado la fase de sueño REM tenían más probabilidad de experimentar menos sensibilidad hacia las emociones negativas y más hacia las positivas.

Apoyándose en otros estudios que muestran que el córtex prefrontal se ve afectado por la privación de sueño, los autores postulan que los resultados obtenidos son debidos a que el córtex prefrontal se fatiga a lo largo del día, viéndose impedido a frenar la reactividad emocional de la región subcortical (región del cerebro en el que se encuentran la amígdala, el hipotálamo, el hipocampo,... estructuras implicadas en las emociones, la motivación o la memoria). Otra hipótesis que fue barajada es que se produce esta sensibilidad hacia estímulos negativos porque desde un punto de vista evolutivo, el miedo es adaptativo; es decir, a medida que nos vamos fatigando a lo largo del día tenemos menos fuerzas, por lo tanto puede ser que nos volvamos más sensibles a los estímulos de peligro simplemente para evitarlos cuanto antes (lo que pasa es que esta hipótesis no explica el aumento de emociones positivas ni la mejora en el humor de el grupo "siesta").
En conclusión, estos resultados vienen a sumarse a una larga lista de estudios que indican el importante papel que tiene el sueño en la regulación de la homeostasis para un óptimo funcionamiento emocional del cerebro. Sea como fuere, una pequeña siesta parece aportarnos una recarga emocional, haciéndonos ver las cosas de una manera más positiva, lo que puede traer importantes efectos prácticos, tanto para nuestra vida personal como profesional.

Referencias

Gujar, N., McDonald, S., Nishida, M., and Walker, M. (2010). A Role for REM Sleep in Recalibrating the Sensitivity of the Human Brain to Specific Emotions. Cerebral Cortex, 21 (1), 115-123 DOI: 10.1093/cercor/bhq064