Algo es algo



El grupo de Pasquale Montagna del Instituto de Neurociencias de la Universidad de Bologna propone un modelo de migraña que tiene la virtud de considerarla como la expresión de un programa, "conducta de enfermedad", seleccionado evolutivamente por su cualidad de proteger al individuo en condiciones de adversidad interna. El programa activado en la migraña es el que también se enciende en una meningits o en una rotura arterial pericerebral.

Dijo el genetista Theodosius Dobzhansky hace ya unas cuantas décadas que "nada tiene sentido en Biología si no es a la luz de la evolución". La frase se ha convertido en un principio clásico, aceptado por todos los biólogos.

En las teorías oficiales sobre migraña brilla por su ausencia cualquier consideración evolucionista. Sostienen los neurólogos que la migraña es la expresión de una genética migrañosa, anómala, que desarrolla un cerebro hiperexcitable al que basta un empujoncillo de los obsesivos desencadenantes para desplegar toda la tortura de una crisis. No hay ningún lugar para considerar al síndrome migrañoso como un programa seleccionado evolutivamente.

La simplona propuesta oficial de los neurólogos de los genes y los desencadenantes, al carecer de sustancia evolutiva, al sentir de Dobzhansky, no sería una propuesta biológica.

El grupo de Montagna da un paso adelante, al definir la crisis como una conducta y no como un simple dolor.

Las conductas programadas por la evolución tienen un propósito defensivo: presionar al individuo a la evitación o minimización de daño en los tejidos.

A partir de aquí, de identificar la migraña como expresión del programa conducta de enfermedad, hay que contestar a la pregunta clave:

¿Por qué se activa el programa de enfermedad, si no hay enfermedad?

No hay respuesta pues ni siquiera se formula la pregunta.

Algo es algo. Bueno es que vaya apareciendo la palabra evolución y el término "conducta de enfermedad" pero no estaría de más empezar a considerar el factor cultural, un factor profundamente biológico y evolucionista que marca los encendidos, desarrollos y apagados de los programas perceptivos, emocionales y motores de homo sapiens (ma non troppo).

Cualquier propuesta sobre dolor, en ausencia de daño, que no contemple la influencia del aprendizaje (experiencia propia, observación de experiencia ajena e instrucción experta) dejará de lado el factor evolucionista más importante.

Nada de la propuesta de los neurólogos tiene sentido biológico pues no está reflexionada a la luz de la evolución.

Fuente: Blog de Arturo Goicoecheaver-siguiente-articulo