Calmantes

La percepción de dolor tiene la cualidad de forzar al padeciente a una conducta de evitación, a restringir o complicar el movimiento en el aparato locomotor o a quedarse inmóvil en un cuarto oscuro en la migraña.

La cultura sapiens (ma non troppo) provee además la magia de unas moléculas que "calman" el dolor, van a un supuesto centro en el que se cocina y disuelve la compleja química de la señalización intra e intercelular que sirve de soporte a la activación del estado de alerta nociceptiva (daño necrótico).

- Me duele.

- Tómate un calmante.

Lógico

- Tengo hambre

- Pues come algo

Los macarrones, el arroz, las patatas... todos los alimentos contienen (al parecer) la química mágica que permite disolver la sensación de hambre. Es una química "calmante".

El programa que edita la percepción de hambre pretende promover la conducta del individuo que acaba metiendo algo al estómago. Una vez cumplido el requerimiento cerebral el hambre se calma.

Los sanadores aconsejan la toma precoz del calmante. Sostienen que si no es así luego cuesta más disolver el dolor.

- No espere. Tómese rápidamente el calmante.

En un porcentaje considerable de padecientes el dolor se va haciendo cada vez más frecuente, intenso y persistente y responde peor a los calmantes.

- Cada vez tengo más dolor. El efecto de los calmantes cada vez me dura menos. Cada tres o cuatro horas "tengo que" tomarme uno.

- La culpa es suya. Ha "abusado" de los calmantes. Debe dejarlos.

Un estudio reciente en ratas a las que se administra a diario paracetamol demuestra que en 30 días su sistema nociceptivo se vuelve hipersensible, genera dolor con más facilidad. La red nociceptiva aumenta la producción de unos malditos receptores de serotonina, los 5HT2A. Es como si el cerebro se agitara con los calmantes. Probablemente es lo que sucede.

Podemos engañar al sistema nociceptivo una o varias veces pero puede que en algún momento reaccione y defienda su decisión de mantener la alerta nociceptiva a pesar de los "calmantes".

Los neurólogos no se dejan impresionar por estas minucias neuronales. Siguen proclamando solemnemente que las crisis de migraña deben atajarse rápida y eficazmente no con cualquier calmantillo sino con el triptan, el supuesto antídoto específico de la migraña.

Si no se procede de este modo auguran en el futuro lesiones cerebrales, por efecto acumulado de las crisis.

Un cerebro migrañoso es un cerebro en alerta, por error en la evaluación de peligro necrótico.

Podemos calmar ese cerebro con información o podemos potenciar su alarmismo recurriendo a los "calmantes del dolor", creando una dependencia. El cerebro acabará solicitando ser calmado con el "calmante". La manera de hacerlo es activando el dolor y apretando las tuercas hasta que el padeciente pliegue su voluntad.

- No soy partidario de tomar calmantes pero no tengo más remedio que tomarlos. Muchas veces intento evitarlos pero es inútil.

En mi opinión los calmantes deben, en gran parte, su aparente prestación al efecto engaño-placebo. Si este se mantiene estable y las crisis son espaciadas, no hay mucho problema pero si aparece la espiral ello será debido a un hábito promovido por quienes siguen predicando las bondades de la analgesia en ausencia de daño.

- Tengo hambre todo el día. Los alimentos sólo me quitan el hambre un rato. Tengo que comer algo cada dos o tres horas.

-La culpa es suya. Ha abusado de los alimentos...

- Ustedes me dijeron que atajara rápidamente el hambre, comiendo algo...

Los triptanes son adictivos y caros.

- Debe comer un solomillo en un restaurante caro. Eso le quitará antes las ganas de seguir comiendo...

Está demostrado que el cerebro prefiere lo caro. El mismo "calmante" con una etiqueta que triplica el precio es más eficaz... que el marcado con el precio original...

El uso razonable de calmantes (en ausencia de daño) es equivalente al consumo razonable de tabaco o cualquier otro hábito innecesario.

- Encienda un cigarro tan pronto como sienta las ganas de fumar...

Fuente: Blog de Arturo Goicoecheaver-siguiente-articulo