Dolor muscular


El músculo se ha convertido en el centro de todas las miradas del dolor.

Nudos, contracturas, flojeras e imbalances musculares (dicen...) son la causa de todos los males.

Necesitamos (dicen...) mejor musculación. Cierto machaque diario es imprescindible pero por otro lado también es deseable el sosiego, la recuperación.

El músculo (dicen...) debe ser mimado. Hay que estirarlo y calentarlo antes de la batalla.

Disponer de las condiciones ideales que exige el trabajo muscular no es fácil. Por eso los sensibles músculos (dicen...) se agarrotan y duelen.

Homo sapiens (ma non troppo) musculaba antaño sobre la marcha, por la sabana. Se subía a los árboles a por fruta y miel, escarbaba la tierra en busca de raíces y tubérculos y hacía footing persiguiendo la pieza que se resistía a ser cobrada o huyendo de los depredadores. Dormía a la intemperie sin almohadas ni colchones, apoyado sobre su brazo. Probablemente no estiraba ni antes ni después de sus correrías.

No sabemos cómo les iba a los músculos de sapiens (m.n.t.) en aquellos tiempos pero por lo que se ve en las escasas manadas de cazadores "primitivos" actuales probablemente no les iba mal.

Los músculos son en realidad unos mandados. Obedecen programas configurados en diversas capas neuronales.

Hay programas reflejos y reflexivos.

Los programas reflejos ancestrales, compartidos con los demás mamíferos, consiguen una actividad muscular sostenible, económica, respetuosa con la resistencia de los tejidos (incluido el propio músculo).

Los programas reflexivos encienden y apagan la actividad muscular en función de previsiones, incertidumbres y temores.

Los músculos de ahora son menos libres. La política (el córtex prefrontal) lo enreda todo.

Los políticos, el cerebro ejecutivo, echan balones fuera. Entregan los músculos a los leones.

Alrededor del músculo se ha criado una variopinta corte de mejoradores.

El mejorador debe señalar primero aquello que está mal y será objeto de sus cuidados.

- Tienes mal los músculos.

En un pis-pas de sobeos el músculo recupera su condición. El mejorador le libra de tóxicos, restablece su circulación, lo relaja, lo estira y lo deja listo para la brega.

- ¿Es usted masajista?

- Perdone, soy Fisioterapeuta.

- Bueno... pero sabe dar masajes... ¿no?

- Cuénteme primero lo que le pasa...

- Me duele y necesito un masaje... justo aquí...

- El tema del dolor es complejo. Necesito saber más cosas, explorar, explicarle unos conceptos sobre neuronas, cerebro...

- No me cuente rollos. Yo necesito un masajista no un charlatán ni un filósofo. Me duele aquí, en este punto y necesito que lo masajee...

- Usted manda...

Sobre nocicepción muscular no sabemos lo suficiente como para construir hipótesis sólidas. La ignorancia no siempre trae de la mano la prudencia, el "sólo sé que no sé nada..." sino su contraria: la arrogancia autocomplacida.

Todo el mundo habla de músculos y dolor sin ningún titubeo.

La mano que aprieta... puntos gatillo y la mano que suaviza durezas no tiene que dar demasiadas explicaciones. Actúa y se deja de palabrería.

- Verá, el dolor... el cerebro... las neuronas...

- No me interesa la política. YO voy a lo mío... Empiece con el masaje que tengo una reunión dentro de media hora...

El músculo... ¡Dios, qué buen vasallo si hubiera buen señor! (Cantar del mio Cid)

Fuente: Blog de Arturo Goicoecheaver-siguiente-articulo