Frenología

Franz Joseph Gall (1758-1828) fué un médico alemán interesado por el estudio de la mente. Desarrolló la teoría de que el cerebro estaba constituido por 27 órganos, cada uno de los cuales se encargaba de una función concreta. Cada individuo tenía, de forma innata, un dotación variable de capacidades y, por tanto, un desarrollo singular de cada uno de los supuestos órganos.

El volumen variable de cada zona se reflejaba, según Gall, en una conformación externa del cráneo y así la exploración de la forma externa craneal permitía describir las capacidades y temperamentos de cada uno e influir, por ejemplo en la selección de personal para puestos de trabajo o como pareja.

Si bien la propuesta de F.J. Gall era descabellada, fué una idea precursora de las teorías "localizacionistas" actuales que consideran que las funciones del cerebro se localizan en determinados zonas cerebrales (el modelo de los módulos o de la "navaja suiza"). Esta sugerencia es, en parte, correcta pero no es posible deducirla palpando y midiendo el cráneo (tal como sugería Gall).

La tendencia a localizar de forma simple el origen de los problemas, el reduccionismo, ha facilitado avances considerables en la Ciencia pero cuando no se complementa con la visión integrada de otros factores produce teorías excesivamente tocadas de la complacencia de tenerlo ya todo explicado con un gen, un neurotransmisor o una imagen.

El gen de la migraña, la serotonina, las arterias, la CGRP (una molécula más), los canales iónicos, las mitocondrias...

Los neurólogos van variando la localización del problema migrañoso.

Los avances en técnicas de imagen (Resonancia Magnética, PET, Magnetoencefalografía) están prestando valiosos servicios en el diagnóstico de enfermedades y la investigación de los procesos básicos de la actividad neuronal pero inducen a conclusiones precipitadas triunfalistas por parte de los clínicos.

La Resonancia magnética funcional, por ejemplo, permite generar imágenes coloreadas acopladas a diversos estados psicológicos, ejecución de tareas, acciones... y, por supuesto, migrañas.

Las imágenes se obtienen midiendo la actividad de las conexiones entre neuronas (sinapsis) a través de variaciones metabólicas (consumo de glucosa, oxígeno,) o introduciendo marcadores radioactivos. Todo muy espectacular pero realmente poco informativo (en este terreno).

Imagine que quiere investigar lo que se cuece en las oficinas de la sede del gobierno y para ello utiliza los consumos de luz en los distintos despachos. Da lo mismo que las luces se hayan encendido para limpiar, celebrar un cumpleaños, debatir una cuestión para aprobar una ley o para derogarla. Cuanto más torpes sean los ponentes más consumo de luz, etc.

Los artículos más "científicos" sobre una crisis política serían los listados de factura de la luz convenientemente convertidos en colorines, proyectados sobre una fotografía del edificio del gobierno.

Algunos investigadores no ven ninguna diferencia entre los desvaríos de Gall y el entusiasmo de lo científicos de la imagen en colores y hablan de "la Frenología del siglo XXI".

Tengo la sensación de que he perdido muchas horas de estudio intentando localizar lo que hace cada zona cerebral, cada neurotransmisor, cada gen y cada proteína. Es todo endiabladamente complejo y cambiante y, además, está al servicio de la ejecución de programas que previamente ha decidido activar la red neuronal.

Hay mucha excitación por conocer el qué el cómo y el dónde de los procesos neuronales y ninguno por los por qué y para qué. Ahora, cuando leo un titular de un nuevo artículo de Neuroimagen sobre el dónde del dolor, pienso para mí:

¿y...a mí qué?

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