Genética y migrañamigraña

Cuando los gemelos tenían dos años, pregunté a su hermano mayor cómo los distinguía. "Oh, es fácil. El que muerde es George..." (Freeman J. Dyson)

Sostienen los neurólogos, sin dejar ningún resquicio a la duda, que la migraña es una enfermedad cerebral de origen genético.

El cerebro migrañoso es, al parecer, singular: sólo en la cabeza, habría una variación química inducida por unos genes supuestamente defectuosos. Esta singularidad química no afectaría al resto del organismo: la cabeza sería un santuario muy especial. Incluso podríamos afinar más: en muchos casos la genética repercutiría sólo sobre media cabeza, dado que la crisis migrañosa compromete con frecuencia sólo a una mitad ("hemi-crania"..."migraña").

Los neurólogos han dado por supuesto que esto es así pero cuando se ha intentado comprobar se ha visto que la suposición no es correcta: no hay ninguna química neuronal exclusiva de la cabeza, vinculada al sistema de defensa (sistema nociceptivo).

Evidentemente no estoy negando la influencia de los genes. Andan siempre por medio en todo lo que nos afecta pero lo hacen siempre en estrecha integración con lo que sucede "allí fuera", al otro lado del núcleo celular. La expresión de lo genético es más compleja de lo que les gustaría a los neurólogos.

Una familia de migrañosos tiene más probabilidad de criar retoños migrañosos pero criar es un verbo complejo. En la transmisión de rasgos en una familia intervienen otros factores extragenéticos. En nuestra especie, con un período de aprendizaje tutelado, el más importante es la transmisión de información a través de la observación-imitación y la instrucción.

Es más verosímil pensar que los genes favorecedores de migraña actuaran a través de la transmisión de estilos conductuales muy generales. Podrían facilitar, por ejemplo, una personalidad más atenta a la evitación de daño y/o más obediente a los contenidos de la crianza.

Los individuos pueden ser más o menos obedientes por genética pero el problema es a qué y si las órdenes o recomendaciones son más o menos afortunadas y aquí entra el papel de la cultura, lo que vemos y lo que nos cuentan.

Puede haber individuos más sensibles genéticamente a las infecciones pero eso no anula la importancia de la higiene.

La imagen del genoma como una sarta de bolitas, una para cada rasgo... es falsa. Cada gen interviene en muchos rasgos y en cada rasgo influyen muchos genes.

Los circuitos neuronales humanos están muy determinados genéticamente... para contactar con el mundo y retocar las conexiones. No dejarán de hacerlo a lo largo de toda la vida. Algo que influye extraordinariamente en este proceso de retoque de conexiones (plasticidad) es la información, adquirida por experiencia propia, observación de la ajena o por instrucción.

Genes sí pero crianza (experiencia y cultura), también.

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