Inflamación, un seguro de vida

La evolución, empeñada en optimizar la probabilidad de supervivencia, ha dotado a los seres vivos de recursos defensivos que reaccionan, de forma, a poder ser rápida y eficaz, a los agentes y estados potencialmente dañinos.

La inflamación es el recurso más elemental e imprescindible del kit de supervivencia. ¡Bendita sea la inflamación!

La más mínima incidencia de ataque violento a los tejidos por agentes y estados incompatibles con la supervivencia desencadena, de forma expeditiva y refleja, la respuesta defensiva inflamatoria: se dilatan las arteriolas (enrojecimiento y calor), se abren los poros de vénulas y capilares (hinchazón) y se sensibilizan las terminales de los nervios vigilantes (dolor).

Para el paciente, la inflamación consiste en una zona que se ha hinchado, está caliente y enrojecida y... ¡duele! Además, esta zona inflamada está de baja (impotencia funcional).

Aleccionados, como estamos, a considerar que lo normal es la ausencia de contrariedad, acudimos a solicitar ayuda al médico porque una zona se ha hinchado, está roja y caliente, no funciona y, además, duele.

El médico nos dice que dicha zona está inflamada y receta, con una lógica peligrosamente convincente, un antiinflamatorio.

La inflamación es una respuesta refleja, exquisitamente regulada, de protección y reparación de una zona lesionada. Un antiinflamatorio externo no tiene sentido, ya que el propio organismo despliega la respuesta inflamatoria y la contrarespuesta de regulación antiinflamatoria.

No existe ningún clínico que pueda evaluar una respuesta inflamatoria y considerarla excesiva o inadecuada simplemente con comprobar que algo está inflamado. Ello no impide que ejecute el acto solemne de la prescripción terapéutica: "está inflamado"; "tómate este antiinflamatorio".

Es difícil justificar esta acción bienintencionada pero simplista.

Los médicos tendemos a despreciar en muchos casos el delicado trabajo evaluativo de nuestro propio organismo. La mejor actitud podría ser, en este caso, la de la abstención, respetando con asombro y confianza, el fino trabajo de reposición de la zona destruída.

Sólo si el organismo es incapaz o está equivocado, debemos acudir en su ayuda, prestándole apoyo para acabar con los gérmenes (antibiótico) o con asesoramiento evaluativo si el cerebro está equivocado (hay despliegue inflamatorio pero no lesión).

El organismo precisa ayuda cognitiva en la migraña pero, lamentablemente, la doctrina oficial aporta alarma y falsa ayuda en forma de moléculas anti... y pro...

psd_vermas