Inquietantes y calmantes

 

El padeciente dolorido acude al sanador-aliviador a que le calme su dolor.

Cada sanador-aliviador tiene unas convicciones sobre el origen del sufrimiento. Química perturbada, energía desbalanceada, tóxicos ambientales, alimentos, estreses y emociones... Cada uno pone el acento de las culpas en un lugar distinto y aplica el remedio adecuado para neutralizar la perturbación que da por supuesta su credo particular.

- Tiene usted genes migrañosos, es, con perdón, un mal nacido, un defectuoso. La migraña es una enfermedad cerebral crónica. Si no se cuida le puede acarrear con el tiempo serias alteraciones cerebrales, infartos, deterioro cognitivo... Debe cuidarse. Analice lo que desencadena sus crisis y evítelo. Tendrá que aprender a llevar una vida monacal. Lo comprendo, eso no es vida, pero es usted un enfermo y tiene que asumir esa circunstancia. Debe atajar cada crisis rápidamente. Métase a un cuarto oscuro y silencioso. Abandone al instante lo que está haciendo. Puede comenzar con un antinflamatorio. Si no es eficaz tómese un triptan. Sí, es caro, ¡qué le vamos a hacer!, le va a suponer un gasto de varios cientos de euros al mes pero la salud no tiene precio. Si no consigue el alivio precoz habrá perdido la batalla y tendrá que sufrir la violencia del ataque o acudir a urgencias a que le corten la crisis con algo en vena u oxígeno. No se automedique. Debe seguir estrictamente nuestras indicaciones. Tomará la medicación preventiva continuamente y los calmantes al menor síntoma de que la tormenta se acerca. Cada crisis puede crear una pequeña lesión que va degradando su cerebro con los años. Es fundamental abortarla en su inicio.

El sanador-aliviador de la rama "todo es química" y mala conducta tranquiliza al padeciente, algo inquietado con lo oído:

- No tiene usted nada en el escaner. Puede estar tranquilo.

El sanador-aliviador realmente ha largado una perorata inquietante: enfermedad cerebral crónica incurable, vida perra y posibilidad de que su cerebro se apolille si no anda listo con las crisis.

El padeciente se propone cuidarse e inicia las pesquisas para detectar los "desencadenantes". Consulta la lista de los sospechosos: nada menos que ciento cincuenta (probablemente hayan descubierto ya algunos más)... Deja el tabaco, los cubatas, el chocolate, el queso curado, la comida china, los viajes, los cabreos, las emociones... Las crisis siguen su rutina de siempre. Quizás algo más frecuentes, intensas y duraderas. Si no descubre los encadenantes está perdido... Toma el antinflamatorio. Parece que hace algo, pero cada vez menos. Tendrá que recurrir al triptán, el caro... Pues sí, parece que es eficaz... pero no es plan... No quiere tomar tanta pastilla y gastar tanta pasta... El padeciente está inquieto, desanimado...

- No me encuentro bien doctor... Los calmantes no me calman

- Ha abusado de ellos. Debe abandonarlos.

- ¿Y qué hago con las crisis?

- Está usted además angustiada y deprimida. Tómese estos antidepresivos.

Todo es química. De acuerdo. Uno se ruboriza porque las terminaciones nerviosas de la piel liberan CGRP, el mismo péptido que al creer de los neurólogos es una de las moléculas cabecilla de la migraña. La piel se vuelve roja con lo visto u oído. Todo es química... electrones, protones, neutrones o...física, según se mire...

El cerebro está inquieto porque teme por la cabeza. La inquietud se transforma en química. Lo psicológico se transustancia en CGRP y sustancia P que son liberadas en las terminaciones del trigémino en meninges y grandes vasos. Sostienen los neurólogos que ahí comienza el embrollo. No consideran un cerebro inquietado previamente por expectativas y creencias que ellos han alimentado con sus doctrinas y augurios...

Una casa inteligente, dotada de un sistema inteligente de seguridad que no se limita a detectar robos sino a predecir probabilidades, cuando olfatea peligro porque ha salido el día nublado, el inquilino ha comido lo no debido o ha discutido con la pareja, activa un dispositivo que hace que salte la alarma aun estando el inquilino dentro convirtiéndole automáticamente en un ladrón potencial de su propia casa. Deberá explicar, sin ser creído, que no era su intención robarse a sí mismo...

El padeciente se ha convertido en un okupa peligroso de su organismo, un intruso indeseable que se empeña en llevar una vida normal, como si estuviera sano...

El padeciente pide calmantes... Anda inquieto. Su corteza prefrontal, el añadido sapiens (ma non troppo) alimenta todo tipo de miedos e incertidumbres y decide apretar sin medida el botón de la alerta.

Una decisión también es una cuestión química. La memoria es química. Una creencia se puede explicar como una compleja reacción química.

- Su cerebro está equivocado y no le deja vivir tranquila. Está inquieto o, mejor dicho, le han inquietado y necesitamos calmarlo, hacerle entrar en razones...

- Eso es lo que necesito: unos calmantes más fuertes. Los que me recetó ya no me sirven...

- No necesita calmantes sino nuevas creencias y expectativas que calmen a su corteza prefrontal, la que valora los peligros, la que considera que la cabeza está enferma, es vulnerable y necesita protección de la química calmante...

- Ya, pero sin la ayuda de la química calmante no podremos neutralizar la química inquietante...

Si anulamos funcionalmente la corteza prefrontal con estimulación magnética transcraneal mientras aplicamos un placebo éste no es eficaz. La corteza prefrontal es necesaria para disparar inquietudes y calmarlas con el placebo.

Los sanadores-aliviadores inquietan primero para exigir y ofrecer calma después. Es lo que siempre han hecho nuestro tutores...

 

- Como no seas bueno irás al infierno... como no te duermas le llamo al coco...

Una vez convenientemente inquietados nos ofrecían las fórmulas para calmar el miedo a la caldera de PedroBotero y el coco... Escapularios, nueve primeros viernes de mes en gracia de Dios, hacer como que estábamos dormidos...

Para calmar no hay como inquietar primero...

 

Fuente: Blog de Arturo Goicoecheaver-siguiente-articulo