La migraña siempre tiene quien la opere

La migraña tiene un variopinto catálogo de intervenciones quirúrgicas a sus espaldas: apéndices, ovarios, vesículas, dentaduras y arterias temporales han sido extirpadas para atajar de raíz el mal, con resultados variables, a veces sorprendentes.

Ultimamente el apartado de operación andaba algo alicaído, sin nuevas ideas, pero ha irrumpido con fuerza la teoría de "lo muscular", la sospecha de que todos nuestros males provienen de unos músculos con contracturas. ¿Por qué? Está claro: por el estrés...

Relajarse o sufrir...

Masajes, relajantes musculares, ansiolíticos y cintas con sonidos del campo, voces susurrantes y músicas envolventes han tratado de calmar el ímpetu contráctil del músculo, más bien con poco éxito.

El músculo se ha convertido en el chivo expiatorio moderno. El objetivo es claro: desposeerle de su fuerza.

El instinto de búsqueda de terapias de sapiens (m.n.t.) ha dado con un antídoto poderoso, definitivo: la toxina botulínica, el equivalente a la criptonita de Superman, una sustancia que dejaba el músculo del superhéroe absolutamente inerme.

- Le duele la cabeza porque están contraídos los músculos de la cabeza y el cuello porque lo están los del cuello. Elemental. Aplicamos toxina, impedimos la contracción del músculo y santas pascuas.

- ¡Qué maravilla. Llevo dos meses sin ninguna crisis!

El problema de la aplicación de la toxina es el engorro de tener que repetirla periódicamente.

El mundo de la terapia farmacológica se acaba con la inyección. Más allá de la inyección, los médicos no tenemos nada... pero para eso están los cirujanos con su caja de herramientas.

Los cirujanos plásticos y máxilofaciales han insistido desde hace unos años en la teoría de las apreturas de los músculos faciales como origen del dolor de cabeza y se han puesto manos a la obra, prescribiendo prótesis de descarga, relajantes... y finalmente inyectando toxina en diversos músculos de la cara.

Cuando han visto que las inyecciones de toxina botulínica producían efecto han deducido el paso siguiente con su natural perspicacia:

- !Operación¡ Desinsertamos el músculo culpable y así su contracción no sirve para nada.

Los cirujanos no pierden el tiempo con reflexiones estériles. Pensado y hecho.

Tras comprobar la eficacia de la aplicación de toxina han desinsertado músculos faciales y el resultado ha sido espectacular: un 28% no ha vuelto a tener migrañas y un 60% ha mejorado no sólo significativamente sino, al parecer, definitivamente pues la mejoría se mantiene al cabo de los años. Han erradicado o debilitado la migraña. El resultado contradice además la teoría del origen del dolor facial en la guapura, dado que la eliminación de alguna arruga lo alivia.

El prodigio no puede ser atribuido al efecto placebo, comentan, pues "es sabido" que dicho efecto nunca es persistente ni afecta a más de un 30% de pacientes.

En toda esta historia del origen muscular de la migraña no hay ninguna referencia a la responsabilidad de la red neuronal y, por supuesto, eso que se da por "sabido" es falso. El efecto placebo no tiene caducidad ni límite de proporción de respondientes. También es sabido que el efecto placebo es especialmente poderoso cuando la terapia es quirúrgica y cara y que los resultados espectaculares y sorprendentes de cualquier terapia deben levantar inmediatamente la sospecha de que anda Don Placebo por allí.

El efecto placebo es especialmente brillante con los niños.

Respecto a cuestiones de interior, en las que dependemos de lo que nos cuentan, seguimos siendo (aunque algo menos) niños...

Nada tan hermoso como la candidez e inocencia de un niño. Es lo que abre la puerta del reino de los cielos y de las terapias milagrosas...

Los cerebros de los padecientes son, a veces, como los de los niños, mantienen la ilusión y el candor de lo mágico, de la fe ciega y, por tanto, eficaz ... aparentemente.

Las apariencias puede que engañen pero eso es secundario si reconfortan. Lo útil es hermoso y verdadero aun siendo falso.

Fuente: Blog de Arturo Goicoechea

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