Los aguafiestas

 

La Neuroimagen arrasa en Neurociencia. No hay nada más impactante que anunciar a los cuatro vientos la localización del lugar donde se producen las percepciones, emociones, decisiones, memorias, acciones o cualquier producto neuronal.

La comunidad de neurocientíficos está encandilada con esta nueva tecnología que permite, extrayendo datos de consumo de oxígeno por las neuronas, mostrar a todo color las zonas del cerebro que han participado en la tarea encomendada a los sujetos del experimento.

La Neurociencia del dolor no ha sido ajena a este entusiasmo. Ha mostrado también las correspondientes imágenes coloreadas de diversas zonas, a las que se imputa la generación de esa maldita (o bendita, según los casos) "experiencia emocional desagradable asociada a daño tisular real o potencial o vivida como tal daño" (IASP) que llamamos dolor.

Para los pacientes ha significado la prueba objetiva de que cuando ellos dicen que duele, es que duele. Las fotos de colores no mienten. Para los científicos los colorines demuestran que el dolor surge de la actividad cerebral. La tesis de que el cerebro no pinta nada en el dolor y que todo se cuece en los tejidos ha quedado (o debiera quedar) obsoleta.

El dolor tiene identificados los pabellones cerebrales en los que se fabrica. En cada pabellón se monta uno de los componentes: el sensorial por aquí, el emocional por allá y el evaluativo por acullá. El conjunto de los pabellones se denomina "neuromatriz del dolor".

La neuromatriz del dolor se activa cuando imaginamos u observamos escenas de dolor (empatía). Existe también la neuromatriz de la analgesia, la responsable del efecto de los opiáceos externos e internos que se activa también con el efecto placebo.

La Resonancia Magnética Funcional ha permitido a los neurólogos localizar el "generador de migraña", en troncoencéfalo para la migraña clásica y en hipotálamo para la cefalea en racimos.

El bombazo de la neuroimagen va a permitir...

Hay aguafiestas que piensan que todo esto no son mas que fuegos de artificio, que se está vendiendo la piel del oso anticipadamente, que la actividad neuronal es más compleja de lo que se presume, que no sabemos bien qué es lo que saca los colores a las neuronas...

Hay quien considera que la neuroimagen es la Frenología del siglo XXI. Los frenólogos eran capaces de localizar la actividad cerebral palpando la superficie craneal: "por sus relieves los conoceréis..." La imposición de manos sobre el cráneo permitía cualificar y cuantificar a los sapiens (m.n.t.).

Al Congreso de la SEFID acudió un aguafiestas. Nada menos que Giandomenico Ianetti, un experto en registrar la actividad neuronal con electrodos, algo siempre más fiable que los colorines.

Lanetti sacó los colores a los colores de la neuroimagen y demostró, paciente y contundentemente, que la cacareada neuromatriz del dolor no es tal. Más bien corresponde a algo más inespecífico: la relevancia.

Los colores de la neuromatriz indican que el cerebro atribuye relevancia al momento, lugar, estado o agente. No dice nada sobre el contenido de lo considerado como relevante. La actividad cerebral específica referida al procesamiento de las señales nociceptivas provenientes de los tejidos estimulados, prácticamente es inapreciable.

La propuesta de Ianetti encaja con lo que define en esencia al cerebro: la evaluación, la atribución de relevancia a lo que sucede o pudiera suceder y la preparación anticipada de programas para evitar y/o minimizar efectos nocivos.

No puedo ocultar mi simpatía por los aguafiestas. Alguien tiene que templar el triunfalismo excluyente de los vendedores precipitados de solución para todo.

 

Fuente: Blog de Arturo Goicoecheaver-siguiente-articulo