Medicina basada en la creencia

Están proliferando nuevas Medicinas. El ciudadano dispone de un abanico creciente de ofertas diagnósticas y terapéuticas.

Tal como sucede con las disputas entre las Medicinas del alma, las del Cuerpo andan enzarzadas en diatribas sobre origen y remedio de los males.

Tal como sucede con las Religiones, no existe la posibilidad de que sean todas verdaderas pues se esfuerza cada una de ellas en tener identidad propia y claramente diferenciada. Son divergentes y beligerantes. Se repelen.

El ciudadano sapiens (ma non troppo) es viajero de cuerpo y mente y se complace en el espectáculo de la multiculturalidad médica, en el mercadillo de los variopintos remedios, en la ficción de tomar decisiones libres, soberanas.

Sapiens (m.n.t.) hace catas terapéuticas por si suena la flauta sin muchos miramientos intelectuales.

- Chica, a mí me funciona... Por probar...

Mientras las llamadas Medicinas Alternativas se han hecho con un Agosto de más días que el oficial, la autocomplacida Medicina "de siempre", la de las resonancias, genes, estreses y fármacos para todo, arropada por fondos Estatales y de la Gran Industria sigue predicando su mantra de los genes y desencadenantes dando por sentado que el Tiempo y la Ciencia demostrará algún día (el día del juicio final y definitivo) que era la única poseedora de verdades verdaderas y eficaces.

Basta repasar la historia de la Medicina para constatar que sus cimientos conceptuales han dejado mucho que desear.

Basta repasar la historia de la Medicina para constatar que muchos de sus ilustres miembros han aportado nuevas y críticas ideas que han derribado, no sin resistencia de la Curia Médica, errores vendidos como sagrados principios. La historia de la Medicina, a la que me honra pertenecer, ofrece pruebas incontestables de su espíritu autocrítico. Su saber no es, afortunadamente, milenario.

Las Medicinas son una compleja y variable amalgama de Ciencia, Cultura, Mercado, Temores y Deseos. En cada una de ellas hay algo de nada y nada de algo.

Todas las Medicinas se benefician del hecho sabido que el cerebro es materia grasa y que las ideas tienden a fijarse en ella. Son liposolubles.

Habitamos un planeta que puede que lo tengamos hecho unos zorros con todas las excreciones del Desarrollo. Algunos vertidos se fijarán en la grasilla cerebral. Es posible.

Las ideas andan también en la Biosfera y sapiens las aspira con candidez e ilusión. Las ideas entran por los sentidos y sufren una digestión en las asas de los intestinos cerebrales (circunvoluciones) antes de convertirse en creencias que se incorporan al cuerpo virtual, no menos importante que el carnal, el de los huesos, músculos, articulaciones, genes y serotoninas.

Las creencias están sometidas a un proceso continuo de renovación (plasticidad). El cerebro está especialmente capacitado para intercambiar ideas pero sapiens no puede evitar la pulsión biológica básica al gregarismo cuando las cosas no pintan bien. Hasta las bacterias se asocian cuando el medio de cultivo tiene poca chicha. El gregarismo funciona sólo si el individuo aparca sus ímpetus liberales y se somete a la disciplina de la creencia firme de la colonia.

Todas las Medicinas dicen estar apoyadas en investigaciones científicas. Hay Ciencia para apoyar lo que cada doctrina quiera sea apoyado.

El poder de la creencia es una evidencia. Sabemos que lo que creemos condiciona poderosamente lo que sentimos.

Hay algo que comparten todas las Medicinas: un completo silencio sobre el poder de las creencias.

El efecto placebo-nocebo es un efecto creencia.

Las creencias no quitan ni ponen enfermedades, pero hay ciudadanos rebosantes de síntomas, reales como el mismo cuerpo que habitan a los que los médicos no encuentran nada que los explique de forma contundente.

Es en este apartado de las enfermedades invisibles donde proliferan las Medicinas Oficiales y Alternativas.

Entre todas se disputan la exclusividad de los orígenes y remedios. Para triunfar necesitan hacerse con las creencias de los sapiens. Necesitan publicidad.

Yo también soy creyente. Creo en las creencias y tomo dos precauciones básicas para no ser víctima de ellas. Evitar el gregarismo e informarme.

Creo en las creencias. Por eso las temo, especialmente a las mías...

Fuente: Blog de Arturo Goicoechea

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