Memorias del dolor


La red neuronal trabaja de memoria. Cada conexión retiene huellas de sus activaciones y cada estímulo produce una respuesta en la red que está influida por respuestas previas.

Hay muchos tipos de memoria, en función de su cometido y su soporte físico.

Hay memorias conscientes, que podemos sacar a la superficie cuando las solicitamos (a veces se bloquean y se quedan "en la punta de la lengua") y otras operan sin darnos cuenta.

Hay memorias de lo reciente y otras de lo pasado. También hay memorias del futuro, predicciones apoyadas en los datos disponibles.

Hay memorias estables y memorias inestables (se retocan y evolucionan continuamente haciendo poco fiable la veracidad de su contenido).

El cerebro utiliza el sistema de memorias para emular la realidad, simularla internamente apoyada en constataciones y predicciones probabilísticas.

El dolor también está memorizado, sometido a las condiciones del sistema de memorias.

Hay memorias de contenido verídico y otras de contenido falso. El dolor siempre es verídico para quien lo padece. No hay error posible: si duele, duele.

Lo que no siempre es cierto es lo que se concluye a partir de la constatación de que duele: el luego...

Si duele la cabeza puede que algo suceda alli pero no podemos asegurarlo. Sólo podemos constatar que nos duele, que se ha editado la percepción dolorosa y que ello implica que el cerebro ha evaluado amenaza, apoyado en memorias de pasado, datos del presente y previsiones de futuro.

La cronificación del dolor, su repetición en tiempos, lugares y acciones determinados depende casi siempre del encendido de contenidos memorizados referidos a tiempos, lugares y acciones.

Los sucesos del pasado, emocionales o físicos, dejan una huella variable que incluye siempre una valoración sobre su relevancia. Puede que el cerebro no cierre los expedientes, olvide, retire la trascendencia y decida mantener viva la memoria de lo sucedido. Viva quiere decir que evoluciona, se alimenta, crece...

Los sucesos traumáticos (físicos o psíquicos), las enfermedades, lesiones... todo aquello que pudiera afectar teórica o prácticamente) a la integridad del organismo debieran ser archivados, olvidados cuando pierden relevancia.

Lo importante de la memoria es el significado.

El dolor tiene una narración interiorizada, una interpretación. La narración está apoyada en el sistema de memorias y muchas veces es una narración errónea, sesgada por el catastrofismo.

La solución viene por la reconstrucción de los hechos tratando de generar un contenido de memoria, una relevancia, que se corresponda lo más posible con lo que sucede donde duele... que es, en muchos casos... nada amenazante.

El cerebro defiende sus memorias, no las disuelve así como así. Eso explica el fracaso y éxito de las terapias. Cuando se acoplan a lo memorizado (esperado, exigido) suena la flauta.

Recuerde... tiene que olvidar. Tiene que cerrar expedientes que ya no llevan a ningún sitio... mas que a la cronificación estéril y mortificante, al dolor sin daño.

Fuente: Blog de Arturo Goicoecheaver-siguiente-articulo