Mi profe de violoncello

- Bueno. No sé si conseguirás tocar pero te aseguro que no te va a doler...

Tuve la suerte de encontrarme con una buena profe.

Unos años antes me inició en el violoncello el clásico maestro de la línea "no pain, no gain" (sin sufrimiento, no se avanza). Sólo coger el arco aparecía un dolor insoportable en la mano. Aquello me parecía bueno y me sentía bien conmigo mismo por sobrellevar el dolor como parte imprescindible de todo proceso de aprendizaje que se precie. El machaque como herramienta de progreso... la abnegación...

- ¿Puedo tocarte?

- Por favor...

Mi nueva profe palpaba hombros, brazos, antebrazos, manos. Soltaba articulaciones, me recolocaba la espalda, el apoyo de los pies.

- Siente el cuerpo. Suelta, suelta... Más. Tengo que sentir el peso...

Hacia la tercera clase me dejó coger el violoncello.

- Siéntelo, como si lo abrazaras. Deja caer los brazos sobre él... Imagina... Imagina... Es como si...

Por fin me puso el arco en la mano.

- Deja la mano relajada. No aprietes. Lo justo para que no se caiga... Cógelo. Suéltalo...

No había dolor. "No pain, gain" (no duele, la cosa marcha).

Conseguí aprender a tocar algo. Desafinado pero indoloro.

Mi profe de violoncello era una excelente música y (sin proponérselo) una excelente fisioterapeuta. Utilizaba como herramientas sus manos, su ejemplo y su palabra. Corregía mis torpes y miedosos intentos con sus manos, con imágenes ("es como si estuvieras cortando un pan con el cuchillo..."), con el ejemplo y con mensajes de confianza. Piensa en el sonido... haz música... Siente el peso... suelta... tranquilo...

El cuerpo es un instrumento. El dolor indica que algo anda mal. Las causas son múltiples y deben ser investigadas.

La ejecución corporal de diversas partituras de acciones debe realizarse con una buena técnica o, si se prefiere, sin una mala.

Sentarse, levantarse, andar, correr, coger objetos, mantener posiciones, girar, mirar, repetir un movimiento de forma reiterada... exige unos programas de buena calidad, económicos y respetuosos con los tejidos. Exige también confianza, ausencia de miedo escénico, autoestima corporal.

Hay buenos y malos profes. Con los buenos, hacer música es indoloro y puedes conseguir la afinación. Con los malos, desafinas y además duele.

Hay muchos músicos con serios problemas de dolor y distonías que tienen que dejar la profesión. La toxina botulínica no soluciona nada. Sólo una reprogramación paciente de sus mapas sensoriomotores cerebrales puede devolver la normalidad.

No creo demasiado en los métodos. Creo en las personas. En su conocimiento y actitud.

No hay enfermedades sino enfermos. No hay Medicinas sino médicos.

La ejecución corporal, como todo lo que está sometido a aprendizaje, tiene sus problemas.

El aprendizaje de sapiens (ma non troppo) está tutorizado, tiene profes. Están por todas partes. Incluso uno se convierte en profe de sí mismo.

Es fundamental cruzarse con buenos profes. Recuerdo del Insti al de Matemáticas, al de Biología, a la de Francés, a la de Literatura... Eran buenos profes, como la de violoncello.

Los médicos somos siempre profes además de terapeutas ocasionales.

Las escuelas de salud son manifiestamente mejorables. Un primer paso sería conseguir que no funcionaran como escuelas... de enfermedad.

Fuente: Blog de Arturo Goicoechea

ver-siguiente-articulo