Necrosis, inflamación, dolor

En el principio de la evolución de los sistemas de defensa de los organismos pluricelulares aparece la necrosis, la muerte violenta de cualquiera de sus individuos, un hecho que no sólo destruye a las células afectadas sino que pone en peligro a todo el organismo ya que la célula necrótica es un agente tóxico que mata violentamente a sus vecinas, estableciéndose así una reacción en cadena letal.

El suceso necrótico libera señales que son detectadas sensiblemente por las células vigilantes, poniéndose en marcha una respuesta defensiva cuyo objetivo es neutralizar y retirar los peligrosos restos celulares necróticos.

La respuesta defensiva frente a la necrosis es la inflamación. Sin ella, no habríamos sobrevivido. Cualquier mínimo incidente necrótico (herida, magullamiento, desgarro, infección, quemadura, congelación) resultaría letal. La respuesta inflamatoria lo impide.

Una buena metáfora de la necrosis es el fuego en un escenario de materiales altamente combustibles. Una cerilla, una colilla, una chispa pueden destruir un bosque.

Afortunadamente los tejidos biológicos son altamente inflamables: se inflaman (defienden) rápidamente.

La inflamación es el servicio de extinción de incendios, los bomberos... no el fuego, como nos han hecho creer los sanadores.

El dolor es la expresión del organismo hacia el individuo, hacia su consciencia, de que se ha producido un suceso necrótico en ese lugar y momento (o se valora esa posibilidad).

Siempre que hay necrosis hay inflamación y dolor.

Un tejido inflamado está caliente, hinchado, enrojecido y genera dolor. Está hipersensible. La zona no puede ser utilizada mientras se repara.

- Tienes inflamado. Toma este antinflamatorio... ponte hielo... comprime... inmoviliza...

Aplicar antinflamatorios a un tejido inflamado no tiene sentido biológico. Sería como llamar a la policía porque hay unos señores echando agua a nuestra casa, aunque se esté quemando.

No siempre que se produce inflamación hay necrosis. El organismo responde cuando cree que hay peligro necrótico y no espera a intervenir a que se consume la destrucción. La alergia es una inflamación sin necrosis. Unas moléculas que ha soltado el gato en el aire hacen que el Sistema Inmune valore ese aire como peligroso y active la defensa inflamatoria.

La respuesta inflamatoria alérgica debe ser combatida. Está justificado llamar a la policía porque hay unos señores bomberos que nos llenan la casa de agua cada vez que vamos a encender la chimenea o un pitillo, en nuestra casa.

No siempre que hay dolor hay inflamación. El dolor puede ser activado cuando el cerebro valora peligro necrótico. No se acompaña de hinchazón, enrojecimiento ni calor. Se ha encendido sólo la alarma. Se han desplegado los efectivos pero no proceden a neutralizar nada, a echar agua. Sólo hay peligro de incendio, una probabilidad.

El cerebro puede activar la alarma cuando hace frío, calor, luminosidad, viento, humedad el individuo ha bebido un sorbito de champán, no ha descansado debidamente, tiene hambre, preocupaciones, desánimos o se va de viaje. Sucede lo mismo que en la alergia. Lo que suelta el gato no tiene poder necrótico (no son gérmenes) ni las condiciones meteorológicas van a generar destrucción violenta en el interior de la cabeza.

Homo sapiens (ma non troppo) imagina el peligro más allá de lo razonable y activa el dolor por múltiples motivos irrelevantes, inofensivos.

Basta con observar una situación de necrosis ajena para que el cerebro del observador active las zonas que generan dolor, aunque no con la intensidad suficiente para que el observador sienta dolor. Hay individuos muy empáticos que sí llegan a sentir dolor cuando ven una escena de agresión necrótica en un semejante.

El dolor se ha socializado. El cerebro sapiens imagina necrosis allá donde le han enseñado a verla, no por mensajes directos (el viento sur necrosa la cabeza) sino a través de la ambigüedad del lenguaje y de la cultura.

- Me afectan los cambios de tiempo.

- ¿Cómo lo sabes?

- Me duelen las articulaciones.

El dolor no permite sacar más conclusión de que el cerebro teme algo.

- Los cambios de tiempo no afectan las articulaciones. El tiempo en ellas es estable, indiferente a lo que suceda fuera. Es el cerebro que considera que corren peligro y expresa con el dolor su temor

- No, no... a mí me duele... Recuerde: dolor no es equivalente a inflamación y, menos aún, a necrosis. La mayoría de las veces donde duele no sucede ni va a suceder (en ese momento) nada.

Siga con sus planes...

Fuente: Blog de Artuo Goicoecheaver-siguiente-articulo