Objeción desde la consciencia

El cerebro va a su bola. Tiene sus objetivos, sus creencias, sus incertidumbres y sus temores. Tiene estados de ánimo y de desánimo, obsesiones, estreses y relajaciones.

Las evaluaciones cerebrales en cada momento y lugar sobre estados y agentes, sobre posibles-probables consecuencias de lo que el individuo hace o deja de hacer o simplemente se propone hacerlo o no, se proyectan hacia la consciencia en forma de percepciones que tratan de adaptar la conducta del individuo, su voluntad, a lo que el cerebro considera como conducta más adecuada (según su punto de vista).

El dolor es una percepción proyectada por el cerebro hacia la pantalla consciente para expresar una evaluación de amenaza necrótica consumada, inminente o simplemente como probabilidad.

Si el cerebro estuviera dotado de superpoderes predictivos haríamos bien en someternos a sus propuestas perceptivas pero no es así. El cerebro en temas de seguridad interna es catastrofista, hipocondríaco, alarmista ... y absolutamente despiadado e indiferente respecto a lo que pueda hacer sufrir al individuo al activar sus miedos somáticos.

El sistema inmune también es catastrofista y puede evaluar peligro en unas moléculas que ha soltado el gato o las gramíneas en el aire.

No es buena idea desatender las evaluaciones erróneas del sistema inmune. Si ve peligro en la penicilina lo más prudente es no ponérsela y llevar un colgante en el cuello que lo diga claramente: "No me pongáis penicilina. Soy alérgico".

La objeción desde la consciencia al sistema inmune puede ser letal.

Cuando el cerebro ve peligro en los fines de semana, los viajes, el chocolate, el vino tinto, los cambios hormonales, la comida china o las zanahorias... podemos y debemos hacer un corte de mangas y objetar desde la consciencia, desde el conocimiento, ya que la propuesta perceptiva cerebral del dolor para que nos quedemos en el cuarto oscuro, vomitando... es absurda.

Si obedecemos al cerebro migrañoso estamos perdidos.

- Necesito retirarme a mi habitación, apagar las luces, suplicar que nadie hable, vomitar, tomar el calmante... Es la única manera de soportar a duras penas el infierno de la migraña...

- No haga eso. Si obedece ha perdido una batalla en la guerra contra la irracionalidad, el despropósito...

- ¿Y qué hago entonces?

- Objete. Desobedezca. Así irá consiguiendo que el cerebro aprenda, corrija, se racionalice...

La objeción desde la consciencia es fundamental en el dolor erróneo, en el no asociado a daño relevante.

Desgraciadamente los sanadores compiten entre ellos a la hora de recomendar lo que debemos evitar y tomar, siempre desde el acatamiento a lo que en cada caso pide absurdamente el cerebro como condición necesaria y no siempre suficiente para retirar el dolor para recuperar su sosiego.

Los aliviadores aplican la misma receta a los errores neuronales que a los del sistema inmune. Es un error.

Colabore con su sistema inmune. No tiene opción de desobedecer. Le va en ello la vida.

Objete y desobedezca a su cerebro. Le va en ello su libertad.

 

Fuente: Blog de Arturo Goicoecheaver-siguiente-articulo