Palpar

La exploración clásica médica está (o estaba) constituida por cuatro gestos básicos: inspección, palpación, percusión y auscultación. Vista, tacto y oído.

Los pacientes describen la localización del dolor y el profesional debe tratar de detectar, sentir lo que lo causa, con ojos, manos y oídos, antes de lanzarse compulsiva y precipitadamente a la petición de pruebas de imagen.

Los neurólogos nunca hemos estado interesados en palpar el movimiento.

Los fisioterapeutas son palpadores natos. Miran el interior con las manos. Sienten el desplazamiento de los planos musculares, identifican zonas con movilidad reducida, fricciones, nódulos y bandas firmes en el músculo, contracturas... y, sobre todo, puntos dolorosos, puntos que al ser comprimidos evocan dolor en la zona que refiere el paciente.

La detección de un punto muscular firme, doloroso y que reproduce los síntomas es de gran impacto tanto para el paciente como para el explorador.

Basta aplicar a continuación alguna maniobra, manual, con aguja, infiltración anestésica... y eliminar el dolor para crear la convicción de que se ha dado con la clave del problema.

Hay un universo confuso generado alrededor del hecho incontrovertible de la existencia de puntos y bandas firmes, dolorosos e hiperexcitables en los músculos. Han dado lugar a varias etiquetas diagnósticas a lo largo del tiempo: fibrositis, miogelosis, reumatismo muscular... La etiqueta actual es la de síndromes miofasciales. Su marca diagnóstica: los puntos gatillo, a detectar por el explorador versado.

No hay una explicación clara para los puntos musculares gatillo. Parece que corresponden a puntos de unión entre nervio y músculo en los que se libera más acetilcolina (el neurotransmisor que hace contraerse al músculo) de lo habitual en condiciones de reposo.

El problema es cómo surgen y si son causa o efecto. ¿Duele porque hay puntos dolorosos gatillo o hay puntos dolorosos gatillo porque está activada cerebralmente la función de alerta nociceptiva?

Como siempre, hay explicaciones que sitúan el problema en la periferia: el músculo ha sufrido por diversos motivos y queda con esa condición hipersensible, mientras que otras lo desplazan al centro: el cerebro activa la alerta en una zona o acción y ello produce directamente el exceso de acetilcolina o indirectamente tras aplicarse un programa de hipomovilidad que altera, por contractura-desuso la fisiología de uniones neuromusculares, fascias, fibroblastos, matriz extracelular y músculos, con sus correspondientes nociceptores...

Todo es posible. Lo razonable es considerar todo aquello que pueda estar contribuyendo a la cronificación, al círculo vicioso.

Los fisioterapeutas tocan la disfunción muscular y debieran también sentir en ello la presencia inevitable de la evaluación cerebral, las creencias y expectativas, la modulación ascendente y descendente. Sólo desde esa doble expectativa, bidireccional, podrá recuperarse la función sin la penalización del dolor y la inmovilidad.

Al dolor de cabeza cada especialista le busca un origen acorde con sus prácticas. Los neurólogos presienten genes y desencadenantes no musculares en la migraña y tensiones musculares secundarias al estrés en lo que llaman "cefalea tensional". Los máxilofaciales palpan puntos dolorosos en las inserciones de los músculos faciales y los fisioterapeutas lo hacen en cuello.

El dolor de cabeza es geno-génico, psico-génico, cérvico-génico o facio-génico según quien lo analiza.

Al músculo lo pillan en todas las refriegas del dolor. No está clara cuál es su responsabilidad. Al fin y al cabo no es mas que un mandado...

Fuente: Blog de Arturo Goicoechea

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