Placebo


Quién más, quién menos, ha oído hablar del efecto placebo.

Se sabe que podemos engañar a los niños, los abuelos y los neuróticos pesados con cualquier cosa diciéndoles que les hemos dado un remedio mágico. Conseguimos que se callen y dejen de darnos la murga con sus quejas exageradas e imaginarias.

Podemos utilizar también el efecto placebo para diferenciar los dolores "falsos" de los "verdaderos".

Un placebo administrado a alguien que se queja angustiado de dolor en el pecho y surte efecto nos permite descartar un origen orgánico.

- Dale un placebo a ese pesado. Seguro que es un neura...

......

- Estoy mucho mejor, doctor...

......

-¿Ves lo que te decía? Le doy el alta...

Hay sapiens (m.n.t.) que necesitan respirar el ambiente de enfermedad y nos aburren con sus quejas continuadas. Parece que les encantan los remedios y los demandan a cada momento... para dormir, para levantar el ánimo, para calmar supuestos dolores...

El placebo desenmascara a estos sapiens (m.n.t.) lo mismo que el soplar en un dispositivo deja al descubierto al que ha bebido.

Dando placebo por fármaco evitamos efectos secundarios y conseguimos soluciones, aunque a corto plazo.

Todo el mundo sabe que esto es así pero realmente todo lo anterior... es falso.

El dolor de causa orgánica (p.ej. un infarto de miocardio) puede responder a un placebo.

No existe un patrón psicológico necesario para liberar el efecto placebo. No es patrimonio de los neuras, ni de los niños, abuelos ni pesados.

El placebo tiene efectos secundarios y el beneficio puede mantenerse por plazo indefinido.

No debe utilizarse el placebo conscientemente fuera del contexto de la investigación.

El éxito aparente del placebo es pan para hoy y hambre para mañana.

Muchos supuestos efectos beneficiosos de fármacos, agujas, productos homeopáticos, masajes, cirugías, corrientes, ensalmos, brebajes y conjuros encuentran su eficacia aparente en este ubicuo don cerebral de conceder el alivio allí donde cree que puede haberlo.

Hay tres procesos en los que el placebo es especialmente poderoso: el dolor, el desánimo... y la enfermedad de Parkinson.

Los doloridos, desganados y de movimiento lento pueden revivir con la ilusión de haber recibido una inyección de energía o un bálsamo.

El cerebro quita y pone dolor, desánimo y ligereza motora en función de sus evaluaciones.

El cerebro maneja las "endorfinas" (opiáceos endógenos), la serotina, noradrenalina y dopamina según entienda de lo que conviene al organismo.

El efecto placebo contiene los procesos básicos de la creencia. Desde el más sencillo reflejo condicionado a la más compleja construcción conceptual.

De ilusión también se vive. Lo importante es ver feliz al personal. El fin justifica los medios.

Del efecto placebo viven muchos... a costa del malvivir del prójimo.

El placebo demuestra que el cerebro está ahí, tomando decisiones, expuesto al engaño, a la dependencia de la cultura que lo ha criado.

- No me interesan esas especulaciones sobre cerebro. Yo soy práctico. Sólo manejo soluciones...

Cuide su cerebro. Ábrale los ojos. No deje que sea fácil objeto del mercado. Instrúyalo... Dótele de criterio.

Fuente: Blog de Arturo Goicoecheaver-siguiente-articulo