¿Qué tiene de especial la cabeza para que duela tanto?

En la red neuronal la actividad es constante. Innumerables pequeñas corrientes eléctricas chisporrotean en los circuitos como fondo del procesamiento ininterrumpido de las señales procedentes de los sentidos externos e internos y de la rumiación continua del material de los sistemas de memoria ("parloteo neuronal").

Los puntos de conexión entre las neuronas (sinapsis) se encienden y apagan sin cesar. Estas conexiones necesitan estar activas para sobrevivir. Si no les llega tarea, una red de células nerviosas auxiliares ("células gliales") se encargan de que "hagan algo de ejercicio". Si la actividad es excesiva las mismas células bajan el pistón. Las conexiones no deben activarse ni mucho ni poco: sólo lo justo. La actividad neuronal es, por tanto, saludable, como puede serlo el ejercitar los músculos, los pulmones o el corazón.

El ajetreo mental, los cambios de tiempo, los cambios hormonales, el chocolate, el tabaco, los viajes o el sueño escaso o excesivo no ponen en peligro la integridad neuronal. Por tanto no tiene sentido biológico que estas incidencias inevitables (los famosos desencadenantes) inquieten a los centros de vigilancia.

No existe ninguna peculiaridad química en las neuronas vigilantes meníngeas intracraneales que las distinga de, por ejemplo, de las que se ocupan de la médula lumbar. Aparte de los sucesos nocivos locales externos (quemaduras, traumatismos) e internos (meningitis, hemorragia meníngea, aumento o descenso brusco o límite de la presión intracraneal) no hay ninguna condición física o química que afecte en exclusiva a la cabeza. Tampoco existen genes para inducir dolor sólo en la cabeza.

¿Qué sucede para que el cerebro active tan fácilmente el programa dolor en la cabeza?. No es la química, el estrés ni la sobrestimulación sensorial. Las luces, olores y sonidos se han transformado en pequeñas corrientes para cuando llegan al cerebro y su impacto sobre la retina, el tímpano o las células olfatorias nasales es nulo como trauma físico o químico.

Los neurólogos se empeñan en la tesis de la hiperexcitabilidad genética pero con un mínimo de rigor no es posible explicar todo un rosario de ¿por qués? que podrían plantearse para derribar su doctrina. Realmente no abundan las preguntas necesarias en toda teoría que se tiene por científica.

¿Por qué valora el cerebro el interior de la cabeza como algo vulnerable tratándose del lugar más protegido del organismo? (tanto es así que la evolución ni siquiera le ha provisto de sensores de daño al cerebro).

Hay pacientes que comen chocolate o beben un poco de alcohol y se enciende la crisis migrañosa con toda su brutalidad. Es una alarma absurda, un despropósito. Ni el chocolate ni el alcohol van a infectar, desgarrar, quemar ni comprimir el interior del cráneo.

¿No se podría quitar el miedo exagerado e irracional del cerebro a algo tan inocente como comer chocolate, tomar el sol, dormir poco o mucho etc?.

La respuesta es un sí rotundo. Basta con descatalogar el miedo cerebral para que se desactiven las migrañas por "desencadenantes".

¿Cómo se descataloga lo irracional?

Es muy sencillo...con el conocimiento. A falta de conocimiento el cerebro construye creencias, hipótesis. Utiliza el material informativo que recibe y construye y lo aplica. Es la doble cara de la cultura. Nos permite sobrevivir pero nos crea dependencia de lo que nos cuentan y no podemos comprobar.

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