Rechazo

El organismo tiene voluntad. Toma decisiones. Hace (dentro de unos límites) lo que le da la gana.

Las decisiones del organismo son muchas veces incomprensibles

Hay pacientes que se han quedado sin riñones, en ocasiones porque el sistema inmune se los ha cargado, imaginando allí peligro. Qué mejor que coger otro riñón de un congénere y trans-plantarlo. Pues no, no es fácil. El organismo no tolera semejante ocurrencia. Antes la muerte que aceptar a ese intruso...

Hay orgullos que justifican la muerte propia y ajena.

El sistema inmune y el sistema nervioso actúan tocados por la defensa a ultranza de sus credos. Rechazan sin contemplaciones propuestas absolutamente racionales simplemente porque van en contra de sus principios o apreciaciones.

- Me dan ganas de cortarme la cabeza.

- No le serviría de nada. Si sobreviviera tendría dolor "de cabeza fantasma" como esos pobres pacientes que se libran de una extremidad que no les daba más que sufrimiento, pero sigue el dolor allí en el espacio que ocupaba la extremidad... Podemos hacer algo menos drástico y eficaz.

- Dígame.

- Podemos hacer un trasplante... de convicciones.

- Si funciona me da lo mismo lo que haga usted...

El transplante de convicciones no es fácil. El cerebro gusta de acoger ideas similares a las que ya tiene construidas. Sucede lo mismo que con las preferencias del sistema inmune respecto a los órganos de los donantes. Todos los riñones sanos son buenos riñones, pero al sistema inmune no le basta. Exige la condición de la marca identitaria: que sean "de los nuestros".

- Tenemos un riñón. Esperemos que su organismo lo tolere, le parezca bien, no le coja ojeriza y lo rechace.

Tenemos asumida esta absurda obstinación del sistema inmune de negar la residencia a órganos foráneos pero no nos han enseñado a ver la misma cerrazón mental de nuestro cerebro respecto a la adopción de nuevas ideas.

En la consulta intentamos implantar ideas racionales sobre peligro necrótico.

- Ni el estrés, ni el chocolate, ni los fines de semana, ni las horas de más o menos de sueño, ni los estrógenos, ni el viento sur suponen una amenaza necrótica para su media cabeza. Tendríamos que eliminar esas absurdas etiquetas de peligro letal. No estoy seguro que el cerebro las tolere. Puede que se produzca rechazo...

- ¿No hay medicamentos contra el rechazo?

- En el sistema inmune no tenemos más remedio que recurrir a ellos. No valen las razones. Actuamos con la fuerza de nuestras armas. Administramos inmunosupresores. No los podemos utilizar a nuestro antojo pues no podemos eliminar las defensas.

- ¿No hay neurosupresores?

- Haber, haber... hay de todo: neuromoduladores, neuroprotectores, neurodinamizadores, neurosedantes... y, por supuesto, también tenemos neurosupresores. También les llamamos anestésicos. Son muy eficaces pero tienen efectos colaterales indeseables. Se queda usted sin consciencia, dormido...

- Entonces, qué podemos hacer. Necesito una solución.

- Podemos racionalizar. Utilizar neuroinformación. Hacerle ver al cerebro que está equivocado. Que no hay razones para justificar sus decisiones de encender el programa del dolor... El sistema inmune no hace caso de lo que se va diciendo por ahí pero el cerebro sí y no da lo mismo que se le diga una cosa u otra.

- No creo que, sin hacer nada, sólo hablando, vayamos a conseguir nada...

- Si usted rechaza la racionalidad es improbable que su cerebro la admita. Si no hay alimento no hay digestión.

- Entiendo lo que usted plantea y le veo racionalidad pero no veo cómo se va a ir un dolor que ni siquiera se va con ningún calmante.

- El rechazo cerebral está alimentado por información acumulada desde los primeros minutos del nacimiento, o, incluso antes de nacer. Los credos del sistema inmune son bastante rígidos pero las neuronas evolucionaron porque permitían un juego de creencias más elástico, adaptable a las características cambiantes del entorno. Las neuronas y sus credos tienen una cualidad que está de moda: la plasticidad.

- Hablaron de plasticidad el otro día en Redes, el programa de Punset.

- El problema es que la plasticidad cerebral se aplica a modificar credos entre la oferta de soluciones: primero fármacos, luego agujas, hierbas, productos homeopáticos, cursos de relajación... pero se niega a conceder el salvoconducto a las ideas...

....................

En el universo de los síntomas en ausencia de enfermedad demostrable, las medicinas llamadas alternativas gozan ya de más favor que la llamada oficial. El efecto placebo de ellas, debido a su novedad y carácter alternativo, supera el de los fármacos.

Siendo prácticos y ciñéndonos a los resultados, lo racional sería acudir al acupunturista, al homeópata o a cualquier alternativo y no a un neurólogo, en los casos, insisto, de síntomas en ausencia de daño pues ofrecen más probabilidad de éxito (al menos en la secuencia de aparecer después del fracaso de lo oficial...).

El rechazo al transplante de ideas en mi consulta es consciente y explícito en la migraña en un 30% de los casos. De los que aceptan intentarlo, otro 30% aproximadamente es rechazado a pesar de su buena voluntad.

Tal como sugería Schopenhauer no podemos querer lo que queremos. El cerebro impone su voluntad.

Fuente: Blog de Arturo Goicoechea

ver-siguiente-articulo