Regulación

Tendemos a clasificar la realidad en buena o mala y, además, para siempre. No nos gusta lo brumoso ni lo cambiante.

Los procesos biológicos no son ni buenos ni malos. Están ahí integrados en un equilibrio complejo y frágil que se rompe constantemente dando lugar a respuestas defensivas y de reparación.

La inflamación es buena pero peligrosa, luego, potencialmente mala.

Se dispara tan pronto como el organismo detecta necrosis o incluso si considera que va a producirse porque se ha detectado una señal de un agente capaz de producirla.

Cuando hay destrozo celular (necrosis) es imperiosa la reacción inflamatoria. De otro modo las células necróticas acaban con nosotros.

La condición peligrosa, ofensiva, de la respuesta inflamatoria ha hecho que la evolución haya seleccionado mecanismos de contención, mecanismos antiinflamatorios.

No hay inflamación sin antiinflamatorios.

La acción inflamatoria y su contraria se despliegan a golpe de señales emitidas por las células implicadas. En el primer momento la respuesta inflamatoria es aguda, autoalimentada en espiral, por las señales de la necrosis. La contención incluye sofisticados mecanismos cuyo objetivo es el de no echar más leña al fuego, es decir, no producir más necrosis, bajas de células propias sanas.

Es difícil prever cómo van a ir las cosas en cada episodio, si el vigor inflamatorio inicial va a ser bien regulado o va a resultar peor el remedio que la enfermedad. Influyen muchos factores y todo puede suceder. En cada caso el profesional debe evaluar la situación y proceder para echar (si se precisa) una mano reguladora, generalmente antiinflamatoria.

No entiendo bien la antiinflamación preventiva:

- Se te va a inflamar. Tómate este antiinflamatorio o "ponte hielo".

Realmente, desde el punto de vista biológico, la explicación debiera ser:

- Se te va a inflamar. Es normal. No te preocupes, el organismo te pondrá la antinflamación que precise la evolución de la lesión. La inflamación es necesaria para reparar los tejidos.

La expectativa de que la inflamación es negativa, peligrosa y descontrolada genera un estado neuronal vigilante cuya importancia es difícil cuantificar. Puede que el proceso de regulación se vea obstruido por la expectativa de alerta. No conocemos lo suficiente sobre psiconeuroinmunología como para hacer afirmaciones tajantes. Sólo sabemos que ese universo psiconeuroinmunológico existe e interviene.

Es evidente que el organismo no evalúa siempre bien y, por tanto, puede regular mal. El miedo a la inflamación puede estar justificado en algunos casos, pero si contabilizamos todas las prescripciones antiinflamatorias preventivas efectuadas habitualmente por los profesionales, puede que muchas de ellas no estén justificadas.

Yo tengo miedo a mis inflamaciones alérgicas primaverales pero no a las producidas por ejemplo por mi odontólogo cuando me puso los implantes. Se me puso la cara como un mapa y las encías tenían un aspecto suculento. Parecía que aquello iba a reventar. Dolía y estaba inflamado, lógicamente. No tomé ningún analgésico-antiinflamatorio y se resolvió satisfactoriamente.

Puede que nos falte la referencia de la evolución natural de los procesos inflamatorios, sin antiinflamación externa y sin alarma. Nos falta esa referencia en muchos procesos pues es difícil quedarse con las manos quietas cuando tenemos delante un proceso necrótico con su respuesta inflamatoria-antiinflamatoria correspondiente, con una apariencia aparatosa.

Cuando dispusimos de antibióticos nos dedicamos a evitar la infección de forma preventiva:

- Toma este antibiótico. Se va a infectar

Costó convencer a los profesionales de que la aplicación preventiva de antibióticos debía limitarse a condiciones concretas.

En fin, son decisiones personales en cada caso.

El organismo, el paciente y el profesional deben acertar en la regulación... de sí mismos... sin perder de vista que las apariencias engañan...

Fuente: Blog de Arturo Goicoecheaver-siguiente-articulo