Sentir ganas

Al organismo no le basta con disponer de todo lo necesario para el movimiento. Precisa, además, disponer de ganas de moverse.

Las ganas son un ingrediente fundamental para afrontar el día a día.

Músculos, glucosa, oxígeno... y ganas.

- ¿Qué haces en la cama? ¡Levántate!

- No tengo ganas...

El proveedor de ganas es el cerebro.

- ¿Por qué estoy cansada y dolorida sin haber hecho nada especial?.

- Es porque (el cerebro) no te da la gana de levantarte...

- No es que no quiera. No puedo. Mis músculos están agotados. Algo les pasa...

- Insisto. A los músculos no les pasa nada. Tienen suficiente energía para mover el esqueleto. No tienes ganas... Tu cerebro no las activa. Es el que conduce el cuerpo y decide si arranca y pisa el acelerador. El individuo sólo indica a dónde le gustaría ir...

- Me muero de ganas de levantarme y comerme el mundo. Lo que me falta es salud no ganas... ¿Por qué iba a querer el cerebro, mi cerebro, tenerme tirada en la cama como si acabara de correr un maratón?

- Tendrá motivos, sus motivos... El cerebro toma decisiones en función de lo que en cada momento considera aconsejable para la integridad del organismo y la buena marcha de su economía. Si no lo ve claro no invierte un duro. No enciende las ganas...

- ¿El cerebro es rácano y tacaño?

- No exactamente. Más bien es imprudente. Se excede en la prudencia. Le falta confianza en el organismo y/o en el individuo.

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Nacemos con muchos circuitos programados para encenderse y apagarse en función de previsiones. Aprendemos a pronosticar, a ver el mundo de diversos colores. El cerebro también lo hace, aplicando criterios distintos, a veces confrontados con los del individuo.

El programa "respuesta de enfermedad" está seleccionado para desfondar al individuo, retirarle las ganas invitándole así a permanecer tumbado, sin gasolina, al ralentí.

Los tejidos enfermos mandan mensajes químicos (citoquinas) al cerebro. Estos mensajes contienen la clave para el encendido del programa "enfermedad... apagar ganas".

El cerebro tiene sus propias citoquinas para darle al off de las ganas. Basta con que considere "prudente" hacerlo.

Hay muchos pacientes desfondados, doloridos, desanimados... Los médicos no tienen respuestas para esa situación. Puede que ni siquiera tengan preguntas, es decir, ganas de hacérselas. Les falta motivación.

Desde finales del siglo pasado hay investigadores que buscan con empeño gérmenes ocultos. Con cierta cautela han descrito el hallazgo de un retrovirus, el XRMV, en leucocitos de pacientes. Puede que ello explique el origen de la falta de ganas cerebrales. Puede que las células infectadas envíen citoquinas. No soy experto en virología. Espero y deseo que lo que quede al final de todo el revuelo sea para bien de los pacientes.

Aun cuando hubiera infección por el retrovirus el agotamiento provendría del encendido del programa "no tengas ganas". En ese caso estaría justificado y habría que conseguir recuperar las ganas eliminando al virus. Si no se confirma la infección se trataría de un error evaluativo cerebral, un dramático error. Un error que tiene encamados a millones de pacientes sin motivo...

El cerebro tiene razones, evaluaciones, motivaciones que encienden y apagan las ganas. Puede que sea debido a que el organismo esté tocado por un virus pero no estaría de más contemplar todas las posibilidades...

Fuente: Blog de Arturo Goicoechea

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