Yo pienso, yo creo, yo... yo... ¡YO! ¿Qué es yo?

Rodolfo Llinás es un renombrado investigador sobre cerebro. Dirige el departamento de Neurofisiología de la Universidad de New York. Ha escrito un interesante libro sobre el tema que nos va a ocupar en esta entrada: El cerebro y el mito del yo. Tiene cierta dificultad técnica pero merece la pena intentar leerlo.

Tendemos a autoatribuirnos el trabajo de nuestros órganos y sistemas. Así decimos: (YO) hago la digestión, (YO) respiro, (YO) toco el piano y, por supuesto... (YO) pienso, cuando, en realidad y justicia, deberíamos reconocer el trabajo de nuestros órganos y decir: "ello (aparato digestivo) hace la digestión, ello (los pulmones) respira, ello (el cerebro) toca el piano y, por supuesto, también ello (el cerebro) piensa.

La expresión: (YO) "duelo la cabeza" suena realmente extraña. Debemos modificar el verbo para normalizarla: "me duele la cabeza". Un algo físico hace brotar el dolor. Nuestro único papel es el de sufrientes, pa(de)cientes.

Si tuviéramos que ser estrictos con el lenguaje, si le exigiéramos una descripción estricta de lo que realmente está sucediendo, tendríamos que decir algo enrevesado y cursi: "el cerebro ha activado la función dolor en la cabeza para indicarme que valora la probabilidad de que está amenazada". En el origen del dolor hay una decisión cerebral defensiva promovida por un temor.

Una vez iniciada la crisis de migraña, el individuo puede adoptar un papel pasivo, de sufridor, buscando la manera de encontrar refugio y alivio en una habitación oscura y silenciosa y calmantes pero, sea o no consciente de ello, su actitud influirá poderosamente en el curso de la crisis.

El cerebro y el individuo coproducen la crisis migrañosa, generalmente con unas características que se repiten en todos los episodios.

El YO migrañoso se atribuye únicamente el papel de víctima y pasa la responsabilidad a una fragilidad o anomalía física de su cabeza, a algún defecto genético que la hace vulnerable a situaciones bastante triviales como comer chocolate o estar algo preocupado (los desencadenantes).

En esta interpretación subyace la idea de que el YO es una entidad no física, una especie de espíritu, alma o voluntad que reside en un soporte físico, el cuerpo, que le crea problemas y le hace sufrir con sus frgilidades y defectos.

El YO sería una víctima de un algo físico, entendiendo que ese algo no es el cerebro que ha activado erróneamente un programa. Una decisión cerebral errónea no lo vemos como ese algo físico necesario. La voluntad no es suficientemente física y, además, es patrimonio del YO.

El cerebro y el YO no son más que dos planos de lo mismo: el organismo, el cual no contiene mas que células de diversos tipos y capacidades que segregan funciones diversas. Los circuitos neuronales generan, encienden programas emocionales, perceptivos, y motores. La migraña contiene varios. Todos tienen una finalidad defensiva y se activan porque el cerebro ha decidido hacerlo, ha decidido expresar su voluntad. El individuo tendrá también que expresar la suya.

El cerebro inicia el proceso, propone y el individuo participa en su desarrollo tomando, probablemente, las decisiones que gustan al programa: ¡deja lo que estás haciendo, tómate la pastilla y no comas nada! (o, incluso, devuelve lo que has comido, no sea que contenga algo peligroso).

Obedecer al cerebro en este caso es un error. Debemos sabotear el programa: seguir con nuestros planes y negarnos a pasar el día en la cama habiendo planeado ir de excursión o de cena.

La desobediencia es, a veces, una virtud. En una crisis de migraña es una imperiosa necesidad. El cerebro está equivocado. Su decisión y la colaboración del YO angustiado por el dolor sería también un error...comprensible, pero error, al fin y al cabo.

psd_vermas