EL SIDA DESDE UNA PERSPECTIVA PLANETARIA

Cuando todo el planeta se ve afectado por una enfermedad tal como el SIDA, una forma de entender el proceso es analizar las fuerzas astrológicas que operan, sobre todo las de los planetas exteriores, cuyos ciclos son lentos y afectan la conciencia de masas. Astrológicamente Plutón, el más lento de los planetas conocidos de nuestro sistema solar, entró en Escorpio, el signo del que es regente, a fines de 1983. Por entonces el mundo entero empezaba a reconocer las dimensiones epidémicas del SIDA.

Deseo, sexo, muerte y secretos. Exhumación, eliminación, transformación, regeneración. Son fuerzas poderosas que perturban nuestra paz, desordenan la vida, desmantelan nuestras defensas. Se ha dicho que todo nuestro planeta tiene SIDA, y esto no se refiere sólo a la presencia mundial de la epidemia. Es una expresión penetrante del hecho de que todos estamos involucrados y afectados; cada uno de nosotros está enfermo y todos necesitamos cura; no sabemos vivir, no sabemos amar y no sabemos morir. Pero estamos aprendiendo... y el SIDA nos enseña mediante su poder.

El SIDA nos está obligando a todos a tomar más conciencia de la muerte y del proceso de morir. En medio de la vida se nos pide que enfrentemos la muerte de un amigo, un familiar, una celebridad admirada, que nos abramos a la transición de otro y participemos con el corazón. Cuando ayudamos a un enfermo de SIDA, también nosotros recibimos ayuda para descubrir lo que intuitivamente sabemos: cómo consolar y atender. Muchos me han comentado que, al atender a un ser amado enfermo de SIDA, aprendieron a guiarse por la intuición; hacia el final se limitaban a acostarse junto al enfermo, lo abrazaban y lo sosegaban, ya con palabras, ya cantando o tarareando. Al acercarse el fin, algunas de estas personas pudieron instar al paciente a dejarse ir o seguir la luz.

Estas técnicas facilitaron, con frecuencia, una transición muy apacible para el moribundo, además de ser profundamente consoladoras para quienes participaban en el momento de la muerte. Una joven enferma de SIDA agonizante recibía todas las noches la visita de amigos que se habían volcado sobre ella durante su enfermedad. El marido le frotaba con suavidad los pies, mientras la esposa le leía poemas o le cantaba. Una noche, cuando ella ya estaba en coma, su madre se acercó a la cama, la abrazó y le dijo que era hora de partir, que estaba lista y todos la ayudarían con el pensamiento a desprenderse del cuerpo. Luego vino su padre y le dijo que la amaba. Falleció quince minutos después. Asistí a sus funerales, que fueron muy bellos; era obvio que su desaparición había iluminado la existencia de todos los que estaban en contacto con ella. Cada uno, mediante la íntima participación en su muerte, había sido llevado a revaluar la muerte como hecho. Como resultado había menos miedo, más aceptación y paz, y hasta una sensación de encantamiento.

El cuerpo entero de la humanidad, el planeta todo, están sometidos a una iniciación en el sexo, la muerte y la regeneración, y esta ceremonia requiere que revisemos nuestras actitudes y conductos con respecto a cada uno de estos temas cruciales.

Fuente: psicologíayautoayuda.com

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