Encontrando el equilibrio

En diferentes momentos de la vida y muy especialmente en la infancia se desarrollar mecanismos para poder adaptarse a los desafíos y a las dificultades a las que nos encontramos. Los mecanismos de afrontamiento son los ajustes que le hacemos a nuestra personalidad, generalmente en la infancia. Generalmente no somos conscientes de lo que estamos desarrollando sino que lo vamos asimilando en nuestro ser de manera muy sutil. Y se desarrolla para que podamos hacer frente a los desafíos, a las heridas, los rechazos u otros factores de estrés que la vida nos trae. Los mecanismos de afrontamiento son nuestra forma de defensa contra los factores de estrés.


Haber tenido un padre abusivo o sin amor puede llevarnos a actuar indiferentes frente al dolor para que podamos sobrevivir a esta situación. Así que tener una personalidad que nos proteja de ser vulnerables, se opone a ser más abierto y las relaciones íntimas.

Un ambiente familiar caótico o turbulento puede inducirnos a la moda de complacer a la gente, al tratar de apaciguar a todos para que la paz pueda reinar. También podría buscar la seguridad de la previsibilidad para compensar la incertidumbre de la infancia. Con el tiempo, arraigo a la necesidad de la previsibilidad, que opaca el crecimiento y la creatividad que sólo viene de abrazar la incertidumbre.

Podríamos simplemente compensar por no sentirnos lo suficientemente buenos, lo suficientemente populares o ser queridos lo suficiente. En la mayoría de los casos la formación defensiva temporal puede ser un mecanismo útil. Nos ayuda s conseguir a través de una transición difícil. Con el tiempo, sin embargo, el mecanismo de defensa se convierte en un elemento fijo y habitual de nuestra persona, lo que limita nuestro crecimiento.

Estas técnicas de adaptación son un propósito razonable cuando nos adornan. El problema es que la lucha de la mayoría de nosotros de arrojar estas partes antes de que se adapten de nuestra personalidad ya que con el tiempo se endurecen. En otras palabras, es una carga que llevamos y que nos bloquea. Lo que antes era un mecanismo de supervivencia se convierte en una armadura.

Debido a la naturaleza sutil de estos mecanismos de adaptación, perdemos de vista el hecho de lo que hemos construido en el primer lugar. Con el tiempo, tienden a convertirse en máscaras, bloqueando nuestro yo más elevado, más auténtico. El mecanismo de supervivencia se habitúa con el tiempo. Lo que estaba en cementos de compensación por primera vez en una restricción rígida. Cuando esto ocurre, como ocurre con frecuencia, bloquea el progreso de desarrollo que las personas necesitan en su evolución personal.

Es necesario compensar, física o emocionalmente los desequilibrios. Si comprueba la presión del aire en sus neumáticos y es demasiado baja, no tendría sentido inflar de más los neumáticos y que se vayan al otro extremo. Sin embargo, eso es precisamente lo que tendemos a hacer en nuestras vidas.

Entrando en la balanza el objetivo final de lograr una vida bien vivida, requiere señalar donde están compensando. ¿Qué parte de ti estás defendiendo? ¿Qué te hace sentir vulnerable? ¿Qué aspectos de su personalidad son excesivamente identificados con usted? Las respuestas a estas preguntas le demostraran el desequilibrio compensatorio. La siguiente pregunta es cómo proceder con la entrada en equilibrio.

El mecanismo de defensa, es tan valioso para nosotros en el momento que se origina, eventualmente se convierte en un obstáculo importante para nuestro crecimiento. Una vez que hemos identificado estos bloques, perder su control puede ser bastante difícil. Una de las principales dificultades en la consecución de este desencadenamiento gira en torno a nuestro apego a nuestra identidad. Aunque vemos claramente el obstáculo para nuestro crecimiento, la pérdida de esta parte de nuestra identidad es de enormes proporciones. Como contradictorio que parezca, la pérdida de una función de nuestra identidad puede provocar ansiedad.

Desintegración positiva

El término, la desintegración positiva se refiere al derramamiento de la parte antigua de la personalidad que ha sobrevivido a su función y ya no nos sirve. Este desollado fuera de los antiguos mecanismos de adaptación, que ya no son necesarios es sin duda positivo. Sin embargo, la incertidumbre de los nuevos terrenos a menudo invoca el malestar. Aprender a aceptar que la inquietud es esencial en el proceso de desintegración positiva. El desarrollo de nuestra autorrealización exige la sentencia de la muerte de algunos de los principales mecanismos de afrontamiento, ya que dan paso a formas superiores de nuestro ser.

El cambio de nuestra identidad a menudo provoca ansiedad y miedo. Permitir la inquietud que surge de aumentar en el medio es esencial, entrar el equilibrio en nuestra vida. En otras palabras, tenemos que cambiar nuestra relación con la ansiedad, y literalmente darle la bienvenida a nuestras vidas, para integrar plenamente y entrar en equilibrio. Cuando lo hacemos pasamos de un estado fijo a estar en la evolución del proceso de transformación.

Fuente: www.psicologiayautoayuda.comver-siguiente-articulo