La empatía, la ética y la moral: 1ª parte

La mayoría de nosotros estaría de acuerdo en que la preocupación de encontrar el equilibrio constituye en parte a la madurez psicológica y a la salud. Mientras que otros, piensan que la mayoría de los mamíferos comparten la capacidad de vivir en forma de cooperativa, y que sólo los seres humanos son capaces de reflexionar sobre este atributo conscientemente, para su desarrollarla y dirigirla. Es la capacidad singular para pensar sobre nuestros propios pensamientos y comportamientos que nos distingue. Podemos aprender a observarnos a nosotros mismos y las formas en que afectan a los demás, a diferencia de cualquier otro animal.

Al hacer significativas las experiencias íntimas, la terapia psicoanalítica ayuda a las personas con el ejercicio y desarrollo de esta facultad. Como el auto-aumento de la conciencia, los síntomas se entienden como soluciones imperfectas a las preocupaciones emocionales y empiezan a perder su poder, la flexibilidad del comportamiento aumenta.

Nuestra propia capacidad humana de sentir y demostrar preocupación por los demás no es innata. La evolución de la preocupación y su prima, la empatía, constituyen los principales logros de desarrollo en la vida y la mente de un niño. Al igual que la capacidad de pensar, que no sólo aparece de forma espontánea. La preocupación y la empatía surgen desde dentro de la matriz omnipresente en el bebé.

Desde el momento de la concepción, la madre y el bebé existen como una unidad fusionada. En esta fusión, la empresa que constituyen una mamá-bebé, ideada para asegurar la supervivencia infantil. La preocupación derivada de la maternidad impulsa que esta atención se centre y comienza durante el embarazo y continúa hasta que el bebé es recién nacido. Un recién nacido que depende absolutamente de mamá o papá.

Con el tiempo, comienza a darse cuenta de que él y mamá en realidad son dos seres separados. La ilusión de fusión es ahora un bello sueño que ha superado. Después de haber cumplido su propósito, nuestro pequeño ahora mira a los ojos de su madre y ve a otra persona, no una extensión de sí mismo, como lo había imaginado.

 

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