Hernia inguinal

Los testículos deben estar fresquitos para funcionar con corrección.
Para ello, la naturaleza los dispone fuera del abdomen, con el escroto como único abrigo. Esta solución tiene un coste, que se traduce en un 5% de la población con hernia inguinal.

El cordón espermático (o el ligamento redondo en la mujer, que en esta ocasión se ve favorecida por la estadística, con una frecuencia de hernia inguinal de 1:9 respecto al varón), se introduce entre las fascias y músculos de la faja abdominal, para emerger finalmente por el anillo inguinal superficial. Este anillo es palpable como un pequeño engrosamiento conjuntivo a nivel suprapúbico (no tan pequeño en caso de hernia).

Desde aquí, el cordón espermático deja al conducto deferente comunicarse con el testículo.

Determinadas acciones, como toser, reírse, defecar, hacer esfuerzos al elevar cargas,... hacen que aumente la presión intraabdominal de forma súbita o excesiva, y en estas zonas cuyo soporte fascial está interrumpido, existe facilidad para que el material protruya y salga de la cavidad abdominal.
La región inguinal es el área más frecuentemente afectada por una hernia (75%), aunque este mismo mecanismo puede darse en el ombligo (la hernia más habitual en el recién nacido), el conducto crural (entre ligamento inguinal y hueso ilíaco, más frecuente en lesión mujeres), y el hiato esofágico (hernia diafragmática o de hiato, de la que ya hablamos en entradas anteriores).