ACUDIR A UN SERVICIO DE URGENCIA


Si se sospecha que se está padeciendo un ictus, por la manifestación de los síntomas descritos anteriormente, se debe acudir a un servicio de urgencias, en un periodo de tiempo menor a las tres horas, contadas desde el inicio del padeciendo de esos síntomas. Sólo de esta manera se garantizará el que el paciente no quede con secuelas motoras y/o sensitivas. De no poder acudir a un servicio de urgencias en las tres primeras horas desde que se han instaurado los síntomas, es crucial que se haga entre las 6 primeras horas desde el inicio del padecimiento de los mismos, por las mismas razones que se han comentado antes, en este caso posiblemente ya quede alguna secuela motora y/o sensitiva, todo dependerá de los factores hemodinámicas y bioquímicos de cada individuo.

¿Por qué es tan importante acudir rápidamente a un servicio de urgencias?

No debemos olvidar que estamos ante patología vascular, hemorrágica o isquémica. Si estamos ante una hemorragia es necesario verificar esta situación, y que los médicos valoren de si se trata de una hemorragia masiva en la cual hay muchas posibilidades de que se vea comprometida la vida del sujeto, o por el contrario sea una hemorragia focal que se puede controlar con cirugía y/o drenajes. Si estamos ante una isquemia, es necesario verificar esta situación, y a partir de ahí se suministran fármacos trombolíticos (con el objetivo de desintegrar el trombo o el émbolo que está causando la isquemia) para restaurar la circulación cerebral, y posteriormente se suministran fármacos con una función protectora, para delimitar en la medida de lo posible la zona de lesión.

Cuando se produce un ictus isquémico, se pueden definir claramente dos zonas a nivel cerebral: la zona central del infarto o isquemia, y una zona de penumbra, que así se denomina la región que se encuentra alrededor de la zona de isquemia, es una zona que está inflamada pero que no presenta lesiones estructurales, y por lo tanto se puede recuperar con el tratamiento farmacológico, de ahí la importancia de verificar un diagnóstico de ictus en el menor tiempo posible desde que han comenzado los síntomas, para delimitar al máximo la zona de la lesión, para que esta sea del menor tamaño posible, y así quedar las menores secuelas funcionales.