Hombro y natación

La natación no es precisamente el deporte de elección a utilizar con fines terapéuticos en caso de lesiones de hombro. De hecho, la recurrencia de problemas tipo impingement subacromial, tendinitis, e inestabilidad, (presentadas clínicamente en forma de dolor, limitación articular y afectación de la función muscular), es frecuente en lo que algunos autores refieren como hombro del nadador.

El medio acuático ofrece interesantes posibilidades de ejercicios propioceptivos para el tren superior: control escapular mediante el serrato anterior (empujar la pared o suelo del vaso desplazando el cuerpo con la inercia del agua), hundir objetos con diferente índice de flotación, y mantenerlos hundidos estáticos y en movimiento,... Son actividades aptas para la mayoría de pacientes, y complementan los programas destinados a un mejor control motor y representación central de los movimientos del hombro.

Los desplazamientos acuáticos en posición horizontal, y en especial las brazadas basadas en los estilos natatorios, son, incluso en hombros sanos, potencialmente nocivos. No obstante, en la reincorporación deportiva de un nadador, evidentemente habrá que realizar dichos gestos para permitir al deportista una plena recuperación.
La propuesta siguiente es una progresión de los diferentes estilos natatorios que pretende ofrecer de forma graduada la normalización de las brazadas. Por menor agresividad hacia el complejo del hombro, comenzamos por la braza, y vamos añadiendo resistencia y amplitud a los gestos conforme añadimos los estilos de espalda y crol.

Braza con puños cerrados, recobro incompleto (sin pasar de la cabeza) y sin separar excesivamente los brazos; aumentar la separación de brazos; manos más abiertas (para coger más agua); recobro completo; aumentar la velocidad de ejecución y la distancia recorrida.

Espalda exagerando el rolido, fase acuática con puños cerrados y brazos casi rectos cerca de la superficie, y recobro sin elevar demasiado los brazos sobre el agua y sin sobrepasar la cabeza; normalizar progresivamente el rolido, la fase subacuática, y finalmente el recobro; aumentar progresivamente la velocidad y la distancia.

Crol con puños cerrados, exagerando el rolido, no llegando en el recobro a adelantar la cabeza y sin elevar excesivamente los codos; normalizar progresivamente las superficies propulsoras, el rolido y finalmente el recobro; aumentar progresivamente la velocidad y la distancia.

 

Fuente: http://osteonfisioterapia.blogspot.com

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