Como ya hemos comentado, los "quistes energéticos" pueden formarse por traumas físicos, emocionales, o ambos. En realidad en la mayoría de los casos es está ultima opción, si por ejemplo, tenemos un traumatismo y en ese momento las emociones que predominan en la persona son de rabia, miedo, tristeza, resentimiento... lo más probable es que la fuerza que ejerce en nuestro cuerpo el traumatismo no pueda ser disipada por nuestro organismo y cree un quiste energético.

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Escucha general


Muchas de estas emociones no están albergadas en la parte consciente, sino que hay que llegar a un nivel subconsciente del paciente para poder revivir la situación que ha creado el trauma, tanto sus aspectos físicos como sus aspectos emocionales.

Con la adecuada preparación, un terapeuta puede actuar como facilitador, apoyando el proceso de liberación de estas energías. El facilitador estimula los aspectos positivos de la mente y del cuerpo del paciente y así puede ayudarle a expresar el quiste energético facilitando que lo reviva, lo libere y lo comprenda.

Durante una sesión el paciente puede sentir miedo, dolor, angustia, resentimiento, el terapeuta apoya y facilita este proceso de forma que el paciente vivencie de nuevo la situación que creo el quiste energético que alberga todas estas emociones negativas.

La reexperimentación de los aspectos negativos del trauma es un excelente signo de que el cuerpo ha liberado al menos una parte, si no todo, del problema en cuestión. Cuando este tipo de reacciones ocurre el terapeuta ayuda al paciente a que este alcance un entendimiento, integración y una resolución positiva.

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Escucha local

Pondremos un ejemplo que arroje un poco de luz, aunque las situaciones vivenciadas pueden ser tan variables que es difícil encasillarlas con un ejemplo. Una niño de 3 años de edad que cuando su padre llega a casa sale corriendo para jugar con él, con la insistencia típica de un niño que quiere disfrutar de la compañía de su padre. Este llega agotado y preocupado de su trabajo y ante la agobiante insistencia de su "niño del alma" se desespera y le da una "torta", o una simple mirada de fuerte reprobación.

El niño que se acerca con su mejor intención se siente negado, no querido, rechazado sin entender que ha hecho para merecerlo. Alguien tiene duda que esto puede ser traumático para este niño, y que además podría marcar ciertos rasgos de su personalidad en el futuro. Estas emociones podrían llegar a crear un quiste energético, que el cuerpo es capaz de compensar, pero sin embargo a lo largo de su vida se pueden suceder fenómenos que por resonancia puedan volver a incidir en este daño.

Cuando hace algo con buena intención tiene miedo al fracaso, al rechazo. Pudiendo llegar a un momento donde la compensación no sería posible manifestándose esta emociones negativas con distintas somatizaciones y síntomas, tanto físicas como emocionales. .

La liberación no es una regresión. La persona permanece consciente durante todo el proceso, pero en un estado que le permite vivenciar situaciones concretas, tanto conscientes como subconscientes que han ido marcando su vida.

Mediante esta vivencia y posterior comprensión se puede eliminar la energía negativa que supone la memoria tisular de esos traumas físico-emocionales.