La Leche y los minerales

El total de minerales de la leche de vaca (0,7%) englobado dentro del término cenizas, es casi cuatro veces mayor que el de la leche humana (0,2%), lo que es significativamente importante porque resulta ser una sobrecarga para los riñones del lactante que es alimentado con leche de vaca. Los elementos más abundantes son el Potasio (K), Calcio (Ca), Cloro (Cl), Fósforo (P), Sodio (Na) y Magnesio (Mg). De los constituyentes mayoritarios destacan el Ca y el P, los cuales se encuentran principalmente unidos a las caseínas; en la leche humana, con más baja concentración de éstas, los niveles de estos elementos son inferiores (340 y 140 mg/l, frente a 1.200 y 950 mg/l de Ca y P respectivamente), pero la relación Ca/P es mayor (2,42 frente a 1,26). Esto significa que la leche de vaca contiene casi 7 veces más P y 4 veces más Ca que la humana, lo que acarrea un estímulo permanente de las glándulas paratiroideas y, en consecuencia, una excreción urinaria del exceso de fósforo (lo que podría ser responsable de las tetanias neonatales que ocurren en la primera semana de vida). El hecho de que la leche de mujer sea más pobre en Ca, cumple una misión muy concreta: favorecer la absorción intestinal de las grasas que de otra manera formarían jabones insolubles difíciles de absorber.

Pero de todas las diferencias la más espectacular es la de las hormonas de crecimiento que junto con el contenido proteico hacen posible el rápido crecimiento de los neonatos. Mientras un bebé dobla el peso en 6 meses, ganando unos 7 kilogramos, un ternero lo hace en 47 días, ganando más de 100.

De esta lectura sacamos en claro que no hay comparación entre la leche materna y leche de vaca, sobre todo cuando estamos hablando de nutrición en los primeros meses de vida. Si por alguna razón el niño no puede ser amamantado, la leche de fórmula sería nuestra primera opción, y teniendo en cuenta los parámetros hasta el momento evidenciados, tendríamos que tener en cuenta los siguientes parámetros para aumentar la salud del bebé:

  • Lo más interesante es la gran diferencia de ácidos grasos; estos ácidos grasos no los pueden añadir a la leche de fórmula porque se oxidan inmediatamente y además al calentar la leche (procesos de UHT) los ácidos se saturan y se vuelven saturados. Sería ideal añadir al biberón del bebé, una vez preparado una cápsula de Prim-Omega (Liposan) (se muerde la cápsula y se vierte el contenido).
  • El intestino del bebé no digiere bien las proteínas lácteas; no debemos sobrecargar aún más su intestino, ni su hígado, ni sus riñones con más proteínas de lenta o difícil asimilación: proteínas animales (carnes rojas, yogures, queso, mantequilla, huevos), y deberíamos complementar su dieta con algo de pescado y carne magra, y proteínas vegetales a partir del año (legumbres).
  • Tendrá déficit de hierro, y puede desarrollar anemia, irritabilidad y síndrome de las piernas inquietas por la noche: da vueltas en la cuna hasta que se duerme. Deberíamos suplementar esa carencia de hierro.
  • Tiene carencias de metionina y cisteína, dos aminoácidos esenciales en la desintoxicación hepática. El síntoma de carencia más habitual de estos aminoácidos son infecciones pulmonares de repetición, con excesiva formación de moco. Este moco se añade al moco que crea el intestino como defensa ante la caseína, por lo que en general son niños "mocosos". El l-cisteína en farmacias se vende con el nombre comercial de fluimil o fluimicil; es más interesante administrárselo al niño como aminoácido que como medicamento químico con sus respectivos excipientes.
  • Puede tener una reacción alérgica a alguna proteína, que se puede manifestar como mucosidad, asma, dermatitis o incluso artritis.
  • El bebé engorda y crece más rápido de lo que sería fisiológico en él, pudiendo desarrollar resistencia a la insulina y en el futuro diabetes, ovarios poliquísticos, terrores nocturnos, hiperlipidemias, hipercolesterolemias, obesidad, diferentes tipos de cáncer, etc (Libro El mono obeso de J.Campillo).
  • Por la ausencia de Inmunoglobulinas A de la leche materna, tendrán más posibilidad de coger infecciones: se recomienda darmocare infantis; betaglucanos y vitamina C para aumentar sus defensas.
  • Los niños tendrán déficits de vitaminas B que se puede paliar con multivital forte junior.


Si la problemática del bebé es muy evidente en relación a la leche de fórmula: dermatitis, bronquiolitis de repetición, neumonías, asma, insomnio, estreñimiento, etc., se recomienda darle leche de soja de fórmula, que se vende en farmacias.

BIBLIOGRAFÍA:


1. Carper, Jean. Los Alimentos: Medicina Milagrosa. Editorial Norma S.A. Bogotá (Colombia). 4ª. Reimpresión. 1996.
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9. Campillo JE. El mono obeso. Ed. Crítica. 2007.

Articulo cedido por Bonusan España