El hierro en nuestro organismo

Entre las funciones que cumple el hierro en nuestro organismo podemos citar las siguientes: integra la molécula de hemoglobina (pigmento transportador de oxígeno de nuestros glóbulos rojos o eritrocitos); forma parte de enzimas (indispensables para que se produzcan todos los procesos biológicos en nuestro organismo); participa en la inmunidad; en el funcionamiento normal del sistema nervioso y a través de múltiples interacciones posibilita el crecimiento y desarrollo normal durante la infancia.

La anemia es la última manifestación de la insuficiencia crónica de hierro y esta sobreviene bastante tiempo después de agotadas las reservas. Los síntomas clínicos que podemos encontrar vinculados a la deficiencia de hierro van de la mano de los distintos sistemas en que este interviene; de este modo, la función muscular inadecuada se refleja en un menor rendimiento para el trabajo y menor tolerancia al ejercicio. La afección neurológica se pone de manifiesto en cambios en la conducta como son la fatiga y la pérdida de apetito. Un posible signo de deficiencia de hierro temprana es la disminución de la inmunidad lo cual conlleva a una mayor propensión a las infecciones.

La deficiencia de hierro, precursora de la anemia ferropénica (o anemia por bajo hierro), es la más común de todas las enfermedades por deficiencia nutricional y la causa más común de anemia en niños y mujeres en edad reproductiva. Las mujeres adultas tienen cantidades de hierro almacenadas mucho más bajas que los varones; por otro lado, los consumos de hierro medianos de la mayoría de las mujeres son menores que los requerimientos alimentarios recomendados, en tanto que los de los varones sobrepasan estos últimos y además en las mujeres se suman las pérdidas que se producen a través de la menstruación. Todos estos factores la hacen más vulnerable a su deficiencia. Pero, ¿es frecuente la presencia de anemia en corredores o en la práctica de otros deportes? A pesar de que el estadio de anemia ferropénica no suele ser frecuente en los deportistas, sí lo es la presencia de reservas de hierro inferiores a los niveles normales, pero esta situación no tiene por qué afectar necesariamente los niveles de hemoglobina y concentración de glóbulos rojos. Frecuentemente se ha hablado de "anemia del deportista"; sin embargo esta situación suele ser transitoria y la caracteriza una disminución en el número de glóbulos rojos y la concentración de hemoglobina, pero la forma de los glóbulos rojos sigue siendo normal y no deteriora el rendimiento deportivo.

Entre las posibles causas está el mayor volumen sanguíneo o la hemodilución (mayor cantidad de plasma con el mismo número de células), que se produce como consecuencia de la iniciación del entrenamiento o podría relacionarse con cambios en el grado de hidratación del deportista. En estos casos no es necesaria la suplementación. Una situación más frecuente es la disminución de los depósitos (ferropenia), fenómeno que debe controlarse para evitar la llegada a un estado de anemia con el consecuente perjuicio en el rendimiento del corredor.

Entre los atletas de carreras de fondo y medio fondo se han observado déficit clínicos o subclínicos de hierro en un 25% de las mujeres y en un 10% de los varones, siendo frecuente el hallazgo de unos niveles séricos reducidos de ferritina. El fenómeno es también frecuente en otros deportes de resistencia como el esquí de fondo o el triatlón.